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Columna

El juicio

“Más temprano que tarde todos enfrentamos un juicio similar: ante la sociedad, ante otros o ante nosotros mismos...”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

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Era necesario viajar al inframundo para presentarse al tribunal supremo. El jurado eran 42 jueces, cada uno responsable de una falta moral concreta. El difunto debía declarar su inocencia mediante un juramento negativo: “No he robado, no he matado, no he mentido”, etc. A renglón seguido, llegaba el momento trascendental del juicio, el pesaje del alma. El sacerdote tomaba la pluma de la diosa Maat y la colocaba sobre uno de los extremos de la balanza. La diosa y la pluma representaban cinco principios: Verdad, Justicia, Equilibrio, Orden y Armonía. El mismo sacerdote colocaba el corazón del difunto en el otro extremo de la balanza. Si la balanza se mantenía en equilibrio perfecto, implicaba que el alma era justa y por tanto, merecedora de la vida eterna. Por el contrario, si el corazón era más pesado era porque estaba cargado de faltas y pecados, era consumido por Ammit, la diosa devoradora de los muertos, un fantasmagórico hibrido entre cocodrilo, león e hipopótamo. Esto llevaba a la aniquilación total del alma, la inexistencia. Lo anterior es una burda descripción de El Juicio de Osiris que se encuentra gráficamente representado en una de las pocas versiones que quedan en el museo de El Cairo del libro de los muertos. Más que una ceremonia religiosa es el concepto fundacional más fascinante de la filosofía del antiguo Egipto. Es una vivencia moral que llevó a los egipcios a concebir la idea de la responsabilidad individual y que no dependía de poder, riqueza o estatus sino única y exclusivamente de la conducta. Más temprano que tarde todos enfrentamos un juicio similar: ante la sociedad, ante otros o ante nosotros mismos. Y quienes ejercen algún tipo de liderazgo o poder deberían estar obligados a uno de estos juicios. Lamentablemente el único juicio que hoy parece importar es el de las redes sociales y este es tan veleidoso como superfluo, puesto que la verdad y la justicia son reemplazados por el número de seguidores o los me gusta. Cuando a este gobierno, ya en el ocaso, le corresponda el juicio deberá tenerse en cuenta, de un lado de la balanza, sus intentos de transformación social, el cambio en la narrativa política hacia sectores tradicionalmente olvidados, su delirante búsqueda por la paz total y su énfasis por la transición energética. En el otro lado de la balanza habrá que sopesar la incertidumbre económica, las dificultades en la ejecución, la inestabilidad e improvisación en la gestión y la incapacidad de lograr cohesión al polarizar aún más el país dividido que encontró. El veredicto nunca será sesgado y jamás unánime. Pero ya lo decía el soñador: “La injusticia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todas partes”.

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