Es desalentador, pero a la vez muy grato ver el esfuerzo de algunas personas por la divulgación, promoción y el encuentro alrededor de la poesía. Las ingentes tareas de algunos por mantener festivales y concursos; las dificultades que pasan otros y otras por llevar a la imprenta compendios o compilaciones de obras poéticas, ver cómo convergen en algunos sitios personas de las más disímiles condiciones y edades simplemente para escuchar poesías; pero es tal vez más alentador ver el creciente número de mujeres que cada vez más se expresan, se encuentran y publican sus libros de poesía.
Creo que cada día se comprende mejor que la poesía no es simplemente un arte estético, ni un pasatiempo de algunas personas de la clase alta, ni el refugio de quienes no pudieron ser novelistas. Siento que asistimos a unos cambios en la expresión y función de la poesía como una herramienta cultural, simbólica y política que en nuestro contexto va adquiriendo distintas manifestaciones y funciones, como por ejemplo dar cuenta de procesos sociales y culturales, que responden a nuevos contextos culturales, donde algunos sectores y en especial algunos grupos poblacionales y de género se expresan, van adquiriendo voz propia para dar cuenta de aspiraciones, exclusiones, discriminaciones e invisibilizaciones. Grupos de jóvenes mujeres que cada vez se hacen presentes desde los márgenes, siendo imposible ignorarlas o desconocerlas.
Nos encontramos hoy con una amplia y rica variedad de expresiones desde la poesía, donde se cuestiona el relato oficial de lo que nos presentaron como la cultura de la ciudad, emergiendo comunidades afro, marginadas, excluidas, asentadas en las periferias e históricamente ignoradas. Hoy encontramos una poesía que cuestiona los imaginarios dominantes de una sociedad paternalista, misogínica, urbana y pensada desde la cultura occidental, como el referente único y legítimo. Una poesía que nos vendieron como producida solo por hombres a lo largo de la historia, contradicho magistralmente por Irene Vallejo, no solo en su libro clásico, sino en una amplia serie de artículos.
Cuando como sociedad comprendamos el valor de la poesía en la recuperación de la memoria histórica, en la construcción de identidad cultural, en el desarrollo de un pensamiento crítico, en el fortalecimiento de capacidades discursivas, críticas y de expresión, de apoyo a procesos educativos y de transformación social, así como de proporcionar placidez por la lectura y la escritura, sin lugar a dudas estaremos ante diversas formas, fuentes y mecanismos de apoyo a quienes, casi siempre con las uñas y con sus propios recursos, se empecinan en seguir y fortalecer la acción poética. La poesía es de las más originales formas de re-escribir nuestra realidad, de narrar y confrontar las estructuras tradicionales de poder y de exclusión, y en especial de mirar con optimismo el futuro.

