Cuando se avecina una tormenta es mejor estar preparado, tapar las goteras del techo y reforzar las ventanas, así como aprovisionarse de agua y alimentos. Es simple sentido común que también debería aplicarse al manejo de la economía, pero no es lo que está haciendo el Gobierno en las circunstancias actuales, y las consecuencias pueden ser graves, especialmente para la población más pobre.
En efecto, el riesgo de una crisis financiera mundial es cada vez más grande y si se llega a producir nos va a coger con ‘los calzones abajo’, porque la economía colombiana se encuentra en situación muy vulnerable, como el paciente que le cae una infección cuando tiene muy bajas las defensas, en parte como consecuencia de malas decisiones de política económica tomadas por el Gobierno.
Las señales de la economía mundial son muy preocupantes. La guerra de Ucrania, las sanciones a las exportaciones de gas y petróleo de Rusia, la errática política arancelaria de Trump, la reacción china de inundar con su producción al resto del mundo... desbarajustaron el comercio internacional.
Si a esto se suma el petróleo a más de USD 100 por barril, por las decisiones guerreristas de Trump y Netanyahu, y la amenaza de una escasez prolongada de combustibles por la destrucción de mucha infraestructura petrolera, se hace más probable la crisis. Y no se puede olvidar el riesgo de que explote la burbuja financiera y bursátil de las inversiones en Inteligencia Artificial, lo que produciría un sacudón a los mercados de capitales internacionales.
Frente a estos riesgos, la economía colombiana está vulnerable. El año empezó mal con signos claros de deceleración del crecimiento, sobre todo en la industria y la minería, pérdida de empleos en el sector privado, inflación con tendencia al alza, revaluación del peso y subida de tasas del Banco de la República.
Las anteriores son las goteras en el techo; lo más grave son las debilidades estructurales, el déficit externo y el déficit fiscal. La balanza comercial sigue empeorando llegando al déficit de USD 16.500 millones el año pasado y también crece el déficit en la cuenta corriente, que puede llegar a 3% del PIB.
De lo fiscal ni hablar. Un déficit primario (sin el pago de intereses) de 3,5% del PIB y un supuesto ajuste anunciado por el Gobierno, de reducción del gasto en $33 billones, que la CARF califica como “no creíble”, pues no se sabe qué van a recortar.
Estamos vulnerables porque para cubrir esos dos déficits necesitamos capitales internacionales, que hoy conseguimos pagando intereses muy altos, y si estalla la crisis mundial se van a cerrar los mercados como pasó en 1999. Sin financiación vendrá la recesión, el desempleo y el aumento de la pobreza.
Gastando más para la campaña electoral, el Gobierno está agravando la vulnerabilidad y ninguno de los candidatos con probabilidad de ganar la Presidencia ha presentado propuestas reales y creíbles de cómo reducir esos dos déficits.

