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Columna

Un Oulipo instrumentado

“La indiferencia social ante la incoherencia de hechos mundiales encaja con una saturación interpretativa...”.

Francisco Lequerica

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Es nula la capacidad de un ciudadano del común para incidir —intervenir apenas— en un sistema que concentra un poder desproporcionado en unos pocos nodos. De no provenir de estos puntos privilegiados, todo acto resulta estructuralmente irrelevante, desde la resistencia creativa de Banksy hasta los gestos extremos de Unabomber, invalidándose toda lectura moral —fuese reprobatoria o heroica— para leerse aquí el fenómeno como síntoma histórico. Antes valía la idea de que un acto causaría algo; hoy el sistema amortigua cualquier gesto y lo diluye en espectáculo. En contraste, un único actor inserto en pilares sistémicos —dueño de infraestructuras tecnológicas, financieras, industriales o estatales— puede alterar mercados, dinámicas de comunicación e incluso paradigmas geopolíticos y cognitivos.

La oligarquía contemporánea rige el acceso al efecto del acto, algo que —sintetizando conceptos respectivos de Wilkerson y de Bauman— corresponde a un árbol de castas líquidas. La indiferencia social ante la incoherencia de hechos mundiales encaja con una saturación interpretativa que prefigura la disolución del sentido antropocéntrico. En tal aspecto, un cierre diagnóstico como el actual no puede caer en el autoengaño y debe colegir que la elucidación del problema no alterará en absoluto la configuración del sistema que lo ocasiona. Dada la inestabilidad precisada, habrá de admitirse que este tratado por entregas constreñidas no logrará nada, salvo acaso la fatiga cognitiva que induce en su propio autor el planteamiento ordenado de una solución posdiagnóstica condenada a la futilidad. Ya no hace falta rebatir ni censurar este texto; basta con dejar de leerlo para perder el ovillo.

Ante un sistema fluido que optimiza disidencias sin requerir reprimirlas, la decisión de completar un análisis viscoso emitido desde la desventaja formal y contextual no reviste carácter político, dogmático, ni suicida; mejor responde a una metodología de la restricción operada dentro de un campo ontológico que se contrae, que hace rato dejó de responder y hasta de transmitir. En la neuroplasticidad humana predomina un sesgo lineal consagrado en lo mítico, codificado en lo espiritual, y fijado en lo narrativo, pareciendo más coherente con el orden cognitivo el ademán de no interrumpir el tratado en su pico de fricción, contra toda intuición y expectativa.

Con su inusitada efusión de conocimiento, la humanidad no logra procesarlo ni orientarlo, poseyendo herramientas cognitivas para un mundo mucho más simple que el actual, por lo que ninguna posición política, crítica cultural, sacrificio individual o diagnóstico filosófico navegará las nuevas complejidades. Señalada la ausencia de un dispositivo de legibilidad, la continuidad lógica sugiere aislarse del ruido y construir el instrumento.

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