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Columna

¿Paloma o Abelardo?

“Pero la diferencia real aparece al mirar sus fórmulas vicepresidenciales. Ahí es donde está buena parte del fondo del debate…”.

Iván Martínez Ibarra

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Quienes tenemos principios de derecha creemos en la propiedad privada, en la libre empresa y en un Estado pequeño y ágil. Creemos que ya se les han dado demasiadas prebendas a los delincuentes y que lo que corresponde ahora es una lucha frontal contra ellos, sin miramientos. Creemos que las injusticias sociales deben corregirse, pero que jamás serán excusa para destruir, matar, secuestrar o atacar a la población civil. Creemos, además, que cada persona debe progresar según su esfuerzo y que siempre será mejor enseñar a pescar que regalar el pescado.

Creemos también en la familia compuesta por un hombre y una mujer; en que a los niños no se les debe decir que pueden escoger su sexo; en que protestar no da derecho a destruir; en que los subsidios no pueden convertirse en un derecho perpetuo y en que esta sociedad, con todos sus defectos, sí ofrece oportunidades. Tantas, que una persona que viene de abajo, como dice el actual presidente, pudo llegar al poder. Hemos sido incluso tan amplios que permitimos que una organización criminal como las Farc entrara a la democracia con curules regaladas, curules que ya perdieron porque sin ese impulso artificial no consiguen los votos suficientes.

Hoy la derecha tiene dos candidatos valiosos. Uno, un abogado con los pantalones bien puestos, que dice las verdades de frente. La otra, una candidata seria, preparada y representante de las banderas de Álvaro Uribe Vélez, a quien este país le debe mucho. Ambos pueden gobernar y ambos quieren servir.

Pero la diferencia real aparece al mirar sus fórmulas vicepresidenciales. Ahí es donde está buena parte del fondo del debate. Por un lado, está un economista muy bueno, exdirector del DANE, con 1.2 millones de votos, pero tibio. Por el otro, está un economista excelente, exministro y académico del más alto nivel, pero sin votos. Esa es la comparación real.

Uno aporta caudal electoral, visibilidad y una base importante de respaldo ciudadano. El otro aporta una formación superior, una hoja de vida más sólida y una experiencia mucho más robusta para asumir el gobierno. Uno suma votos, pero genera dudas en sectores importantes de la derecha por su tibieza y por posiciones que no encajan del todo con sus principios. El otro no suma votos propios, pero sí representa con mucha más claridad la solidez doctrinaria, técnica y política que muchos esperan de una fórmula de derecha.

Y ahí es donde nos quieren poner ante una falsa disyuntiva: o escogemos al que trae votos, aunque no represente del todo los principios de la derecha, o escogemos al que sí representa mejor esas ideas, aunque no tenga respaldo electoral propio. En otras palabras: ceder para ganar o mantenerse firme y correr el riesgo de perder.

En lo personal, después de pensarlo mucho, creo que si todos nos unimos con Abelardo no tenemos que ceder y aún así podemos ganar. Oviedo me parece un buen tipo, capaz, honesto y popular. Pero sigue pareciéndome un hombre tibio, que no personifica del todo los ideales de la derecha.

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