Para mí, como para muchos colombianos, la votación que sacó Paloma Valencia en la consulta fue una sorpresa. Pero más sorpresivo aún ha sido descubrir lo machistas que son los colombianos y el valor condicionado que les dan a las mujeres. A continuación, voy a referirme a algunos comentarios que he escuchado después de las elecciones del 8 de marzo. “El país no está listo para una presidenta”. Me pregunto qué es estar listos… La señora es abogada con una trayectoria política bastante sólida. Tiene una especialización en Economía de la Universidad de los Andes y maestría en escritura creativa. Su formación combina humanidades y números, algo poco común, y que ha marcado su perfil como analista y columnista antes de entrar a la política. Pero parece que eso no es lo importante para los anti-féminas que pretenden calificar por el género y no por la preparación. Antes de ser senadora por 3 periodos, la señora Valencia trabajó en la Procuraduría General y en el Departamento Nacional de Planeación. Lo que la formó mucho más que otros presidentes como Turbay Ayala, Belisario Betancur, César Gaviria o Ernesto Samper, que no tenían posgrados. A ellos nadie les cuestionó nada porque eran hombres.
También me refiero a la prensa mal intencionada y endeble que se ha atrevido a cuestionar su peso. Escuché una entrevista en la que, en su propia cara, le decían que estaba gorda y le preguntaban por qué. La pregunta me pareció irrespetuosa y ofensiva. No recuerdo haberla oído para ningún candidato del sexo masculino. Ella, muy decentemente, contestó que en campaña le era muy difícil hacer dieta. Pero la verdad, es que poco o nada tiene que ver el tema con su capacidad para gobernar, que es lo que le interesa al pueblo colombiano. El cuestionamiento fue indelicado y dice mucho del periodista, a quien a falta de estudios, le faltaron modales.
Otro comentario que ha herido mi condición de mujer y tocó mi solidaridad de género fue el de un político santandereano que aseguró que, antes de ser presidenta, Paloma necesitaba un “cambio extremo”, refiriéndose a un “reality” de hace unos años en el que cambiaban el físico de una persona. Probablemente el señor no se ha visto en el espejo. Tampoco hace memoria de los que han sido los inquilinos de la Casa de Nariño, quienes no se han destacado por su belleza. La historia ha elegido hombres sin ninguna gracia e inclusive a los que, como a Petro, ni la cirugía plástica ha arreglado. Nunca se había hablado tanto del físico de un gobernante. Y si somos justos, a mi gusto, Paloma sería la cara más bonita que presidiera a Colombia.
La realidad es que su preparación académica y experiencia política demuestran capacidad, liderazgo y criterio, superando prejuicios basados en apariencia física y género. Los comentarios machistas hablan de quien los hace y sus inseguridades.
