Cartagena vive de espaldas al agua..., en una ciudad que nació del agua. Esa contradicción resume nuestra mayor oportunidad perdida: la Economía Azul. La Economía Azul no es un concepto romántico; es una estrategia económica. Consiste en aprovechar de forma sostenible los recursos hídricos -mares, canales, ciénagas, lagunas- para generar crecimiento, empleo y valor urbano, sin destruir el ecosistema. Es, en esencia, convertir el agua en infraestructura productiva: movilidad, turismo, comercio, vivienda y restauración ambiental.
Cartagena tiene un activo extraordinario: su red de canales, lagunas y cuerpos de agua interiores; pero sin planificación, ese potencial se diluye. De ahí la urgencia de un ‘POT Azul’ específico para el sistema hídrico urbano. Este permitiría estructurar un transporte público acuático eficiente, recuperar ecosistemas, detonar la renovación urbana, impulsar el turismo, desarrollar comercio sobre frentes de agua y generar empleo formal en torno a una economía circular basada en el agua.
Por ejemplo, la Facultad de Arquitectura de la UTB tiene la capacidad técnica para liderar ese POT Azul, articulando urbanismo, ingeniería, ambiente y economía. Cartagena necesita conocimiento aplicado, no improvisación. Quienes dudan deberían mirar hacia afuera: Ámsterdam, Hamburgo y Copenhague entendieron que sus canales no eran pasivos paisajísticos, sino activos económicos. Los recuperaron, los limpiaron y los integraron a la movilidad y al desarrollo inmobiliario. El resultado: ciudades más productivas, sostenibles y valiosas.
Pero los casos más pedagógicos son tres: Puerto Madero, en Buenos Aires, pasó de ser un puerto abandonado a uno de los desarrollos inmobiliarios más exitosos de América Latina, con vivienda, oficinas, gastronomía y espacio público de alta calidad alrededor del agua. Los Docklands de Londres, antes zona industrial en declive, se transformaron en un nuevo distrito financiero global, apalancado en infraestructura, transporte y renovación urbana. Y el Inner Harbor de Baltimore, que de ser un frente portuario deteriorado se convirtió en un polo turístico y comercial que redefinió la ciudad. Todos comparten una lógica: recuperar el agua, ordenar el territorio, atraer inversión y crear valor urbano.
Cartagena tiene las condiciones para replicar -y adaptar- estos modelos; pero sin un POT Azul seguiremos viendo nuestros cuerpos de agua como “caños”, cuando en realidad son la base de nuestra próxima gran transformación económica.

