Con firmeza, pero con precaución. Porque, claro, mantenerse firme en los propios principios está muy bien, pero tiene sus riesgos. Uno se enfrenta en su cotidianeidad a un bully, a un abusón, a un matón y, en lugar de acobardarse y hacer todo lo que el bully le dice, opta por resistir en su postura, defender sus intereses y no dejarse acobardar. Hasta ahí, bien. El problema es cuando el bully ejerce de tal y le pega a uno dos bofetadas que le pone del revés o le saca cuatro dientes. Ahí la cosa ya se complica. Por eso, repito, ante el bully firmeza, pero precaución.
El EE. UU. de Trump es un bully. E incluso cuando hace cosas que objetivamente están bien, como acabar con el dictador de Venezuela o con el de Irán, lo hace de la única manera en que saben hacer las cosas los matones, que es a golpes. En el caso de EE. UU., a bombazos. Frente al escenario de caos y destrucción creado, los que asisten a la escena pueden unirse al bully en la paliza al enemigo o, si consideran que las acciones del bully no son correctas, mantenerse al margen o, incluso, negarse a todo tipo de colaboración con el matón. Normalmente en estos casos la reacción del matón es enfadarse y tomar represalias. Porque cuando uno considera que ir bombardeando países es la manera correcta de resolver problemas, qué más le da represaliar a terceros. Te pone sanciones económicas, deja de ayudarte en cuestiones importantes, tal vez hasta opta por boicotearte en materias de las que depende el bienestar de tu población. Por no hablar de que puede poner precio a tu propia cabeza. Imaginen cómo se debe sentir Petro (que no es santo de la devoción de Trump) cada vez que el gringo secuestra, como a Maduro, o directamente mata, como al de Irán, a aquellos que no le gustan y no le obedecen.
El equilibrio entre firmeza y prudencia siempre es precario. Algunos gobernantes, como el colombiano y el español, tienen un buen historial de exceso de firmeza con respecto a Trump. Tanto exceso que es más bien temeridad. Y cuando gobiernas nunca debes olvidar que detrás de ti hay millones de personas que no pueden esquivar los efectos del golpe que van dirigidos contra el gobernante y sus decisiones. Por eso es importante recordar lo siguiente: enfrentarse al bully es necesario y moralmente respetable. Pero debe siempre hacerse desde la prudencia y, lo que es más importante, desde la inteligencia. No se puede ceder ante un matón, pero tampoco se puede entrar en su juego irracional.

