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Columna

Iluminar las realidades

“Nuestra fe no consiste solo en seguir normas: consiste en vivir abiertos a la acción de Dios...”.

JUDITH ARAÚJO DE PANIZA

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El mundo atraviesa hoy situaciones de guerra en distintos lugares, y millones de personas padecen angustia, dolor, desarraigo y muerte. Son heridas profundas que pueden seguir extendiéndose y poner en riesgo a toda la humanidad. Ante esto, los cristianos nos preguntamos qué nos corresponde hacer. Dios cuenta con nosotros. Unidos a Cristo, somos la luz del mundo.

Estamos llamados a ser protagonistas de nuestra historia, a iluminar las realidades de nuestra vida con la luz del Espíritu Santo y a actuar en consecuencia. Nuestra fe no consiste solo en seguir normas: consiste en vivir abiertos a la acción de Dios, que permanece en medio de nosotros y transforma a quienes le abren el corazón.

No podemos vivir como si nada estuviera pasando. La Iglesia nos llama a reflexionar, a orar, a hacer penitencia, a ayunar, a la mortificación y a las obras de caridad como caminos de conversión y de transformación. La Virgen María, en sus manifestaciones a lo largo del mundo, ha insistido en la urgencia de volver a Dios, porque muchos males pueden ser detenidos cuando el ser humano se deja tocar por la gracia y coopera con ella. Dios convoca nuestra libertad para que le permitamos actuar a través de nosotros.

La historia sagrada lo muestra con claridad. Por ejemplo, hace poco reflexionábamos sobre la lectura de cómo Nínive se salvó cuando el pueblo creyó el mensaje transmitido por Jonás y respondió con ayuno, oración y penitencia. Dios actuó en sus corazones y los apartó del mal. Ese pasaje, hoy sigue siendo una advertencia y una esperanza. Cuando el ser humano escucha a Dios y se deja transformar, cambia su historia.

Colombia también enfrenta un desafío decisivo con las próximas elecciones presidenciales. En un momento así, no podemos ser ciudadanos pasivos ni cristianos adormecidos. Necesitamos oración, discernimiento, compromiso y acción responsable para defender la libertad, la democracia, los principios morales, la vida, la familia y la libertad religiosa.

Algunos dicen que la religión es el opio del pueblo. La experiencia demuestra lo contrario: la fe, cuando es auténtica, despierta la conciencia y moviliza interiormente a la persona para comprometerse con defender los valores que hacen posible un mundo mejor.

San Pablo* hoy nos invita a vivir como hijos de la luz, porque toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Jesús cura a un ciego de nacimiento; también a nosotros quiere curarnos de tantas cegueras interiores. Si nos cerramos a su gracia, se oscurece el entendimiento y dejamos de comprender que el mundo espiritual sostiene en sus raíces, la realidad visible que habitamos. Cuando el corazón se deja iluminar por Cristo, aprende a amar, a discernir y a actuar mejor.

*Ef 5, 8-14; Jn 9, 1-41.

**Economista, orientadora familiar y coach personal y empresarial.

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