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Columna

Credibilidad no lleva tilde

“No es poca la responsabilidad que tienen. Quieran o no, los medios periodísticos cumplen una función educativa...”.

Julio Gómez Mora

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Harto trabajo costó convencer a muchos periodistas de que el fútbol no iba a dejar de ser fútbol si a cambio de “corner”, “penalty”, “offside” y similares se utilizaban en las crónicas las expresiones “tiro de esquina”, “pena máxima” y “fuera de lugar”.

Fue, en su momento, una campaña encabezada por puristas que celosamente cuidan al idioma en tanto es un bien cultural que es necesario defender.

Pero fue, como tantas otras similares, una batalla resuelta en gran parte “por las buenas”, pues finalmente hoy en español también es correcto decir penalti y hasta chut y chutar. A fin de cuentas, parafraseando a Borges, una lengua que no cambia es una lengua muerta y la idea es que el idioma de Cervantes siga vivo para beneficio de los más de 630 millones de personas que lo hablan.

Otras cruzadas, en cambio, no alcanzan la efectividad esperada y la demanda por la escritura correcta en los medios informativos sigue con asuntos pendientes, pese, incluso, al uso abundante de la inteligencia artificial generativa.

Se publican redundancias, se omiten tildes, otras aparecen donde no deben, se utilizan palabras con significados equivocados, se “innova” con términos que no han sido aceptados, se suprimen preposiciones y la coma parece adherirse de manera indebida a la conjunción “y”.

No es poca la responsabilidad que tienen. Quieran o no, los medios periodísticos cumplen una función educativa, bien sea esta explícita o implícita. En la era de la saturación informativa, como diría la IA, una defensa vehemente del español puede resultar una empresa difícil. Más aún en las tendencias de comunicación global. Sin embargo, queda otro argumento que apunta directamente a sus intereses, pues está relacionado con lo que muchos consideran el mayor activo de un medio informativo.

Al respecto, diversos estudios, como el de Alyssa Appelman y Mike Schmierbach en Journalism & Mass Communication Quarterly, han mostrado que la confianza puede ser debilitada por errores en los textos periodísticos. Los experimentos demostraron que los lectores perciben las historias con errores gramaticales como de menor calidad; es decir, los yerros se consideran falta de rigor: la forma afecta el juicio sobre el fondo.

También es cierto que la presión por la publicación inmediata, las múltiples funciones de los comunicadores, la reducción progresiva de filtros (como editores y correctores de estilo delegados ahora a la IA, cuyo entrenamiento principal no siempre es en español) y demás características del complejo proceso de producción en los medios de comunicación son atenuantes, pero aun así, no se puede bajar la guardia, pues hay una gran responsabilidad que cumplir, al tiempo que se corre el riesgo de perder el bien más preciado de la profesión: la credibilidad.

*Profesor asociado - Escuela de Transformación Digital, Universidad Tecnológica de Bolívar.

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