Esta semana escuché la voz angustiada de un hermano arhuaco, en un audio que envió a todos los líderes de la comunidad, avisando que había recibido información de los kogui sobre una cantidad de gente que subía armada por el lado de Mamarongo (comunidad indígena kogui situada en la Sierra Nevada de Santa Marta) con dirección a Serankwa (Comunidad indígena arhuaca ubicada en la Sierra por Aracataca). Según el relato, los hombres armados se identificaron como miembros de los Pachencas; quienes avanzaban intimidando y amenazando la población, cargados de enormes cantidades de municiones y armas, así como un objeto que volaba con explosivos (posiblemente un dron). Según se conoce, los Pachenca, autodenominados Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, son un grupo armado organizado dedicado al narcotráfico y la extorsión que opera principalmente en la Sierra. Herederos de las estructuras paramilitares de Hernán Giraldo Serna, alias “El Patrón”, controlan corredores clave para el narcotráfico en la región Caribe y mantienen disputas territoriales contra el Clan del Golfo por el control en el Caribe. Según versiones de los pueblos originarios, pusieron al corriente de estas circunstancias a las autoridades del departamento, en el marco de una reunión que se llevó a cabo en la capital, pero sin obtener ninguna medida de proyección al territorio. Con los días llegó la terrible noticia: al menos 7 muertos y 10 heridos tras la incursión de este grupo en Serankwa. Valdría la pena preguntar: ¿Qué acciones tomó la gobernadora Margarita Guerra frente a estas advertencias? Actualmente se reporta que varios pelotones permanecen desplegados en la Sierra Nevada de Santa Marta, por órdenes del presidente, en cercanías al resguardo indígena de Serankwa, con el objetivo de “restablecer el control institucional”, ¿cuál? No sé. Durante siglos nuestros pueblos han resistido en medio de una guerra que no es suya con abandono total del Estado. Y todavía hay quienes tienen la osadía de criticar que tengan mecanismos como la Guardia Indígena, que es resistencia civil y protección comunitaria no armada, para salvaguardar la vida, el territorio, la cultura y la autonomía, defendiendo sus territorios de actores armados y amenazas como un escudo comunitario. Todo esto en una semana llena de manifestaciones clasistas y absurdas frente a la participación de una mujer indígena en la contienda electoral. Por supuesto, no me extraña. Este es un país en el que los indígenas solo nos funcionan cuando son figuras decorativas, o nos dejan las mochilas baratas o aparecen en un video de Carlos Vives. Pero nos estorban cuando piden derechos y que les devuelvan su territorio.
*Abogada con especialización en Derecho Constitucional y magíster en Derecho con énfasis en Derecho Empresarial y Contractual.
