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Columna

Irán o no Irán

El futbol, al igual que la guerra y el control por el petróleo siguen siendo asuntos muy lucrativos y Trump lo sabe

CARLOS ANDRÉS BROCHET BAYONA

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“El futbol es lo más importante entre las cosas menos importantes” es una frase que legitima al mundo que se construye alrededor del futbol; más allá de saber si la dijo Jorge Valdano, Arrigo Sacchi o el sociólogo Eduardo Galeano lo cierto es que para muchos el futbol pasó de ser un hobby para transformarse en una profesión, en una forma de vida, consolidándose a su vez como un negocio lucrativo que trasciende incluso al plano de la geopolítica.

A escasos tres meses del pitazo inicial de quizás la gesta deportiva más importante del planeta, el ministro del Deporte de Irán manifestó que su país no participará en el Mundial de Futbol a celebrarse este verano; tal determinación resultaría lógica si continúa agudizándose el conflicto entre persas y gringos, máxime si se tiene en cuenta que los tres primeros juegos de Irán serán en suelo norteamericano.

Hace poco Trump sentenció haber ganado la guerra contra Irán, y también señaló que Irán sería bienvenido a EE. UU., pero que no deberían ir por su propia vida y seguridad; ante tal advertencia extrañaría la presencia de Irán en el Mundial de futbol 2026, pero como ha ocurrido en otras ocasiones, el futbol entre las cosas menos importantes puede construir puentes cuando la diplomacia fracasa; aunque los mundiales y otras recreaciones multitudinarias funcionan políticamente como distractores, en muchas ocasiones también han servido como un bálsamo para mitigar los estragos de la guerra. El futbol es un exhosto de la realidad, es un catalizador de las desgracias, filtra tragedias durante 90 minutos, produce una efímera idea de esperanza, es inspirador, es un apósito para el alma que sangra. El futbol logra lo que no puede la diplomacia política, provoca treguas o cese de hostilidades, sirve de aliado a los refugiados, a los inmigrantes, crea programas sociales, genera empleos y hasta logra la sinergia de países como México, EEUU y Canadá que se ven cada vez más separados por fronteras de acero que se empinan hasta un cielo vigilado por drones.

El futbol, al igual que la guerra y el control por el petróleo siguen siendo asuntos muy lucrativos y Trump lo sabe; está en manos del reciente ganador del premio “FIFA de la Paz” hacer honor a ese galardón, pues es difícil que a punta de bombardeos le alcance para el nobel de Paz, así sus motivos sean el restablecimiento de la democracia y la paz mundial. Mientras tanto y volviendo al plano deportivo, un viejo conocido como es el seleccionado de Irak, se frota las manos o mejor los pies, porque podría llenar el vacío que dejaría Irán.

Guarrú: Para otra parte de la humanidad el futbol se reduce a ver como 22 hombres en calzoncillos corren detrás de un balón.

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