Cumplo un año de recorrer, observar, escuchar y comprender con mayor claridad esta extraordinaria ciudad. Cartagena está cambiando para mostrar su belleza y potencial, en medio de retos que el informe de “Cartagena Cómo Vamos” refleja con precisión.
La ciudad vive un momento de evolución. No está exenta de inquietudes, pero no es una ciudad estancada. Es una etapa natural de transformación profunda, un verdadero cambio de piel. Aunque el 35% de sus habitantes percibe que las cosas van por buen camino, también hay señales que hablan de capacidad de adaptación y resiliencia.
En la senda de lo positivo, hay señales que no podemos ignorar. Disminuyó la autopercepción de pobreza en 7 puntos, una muestra de resiliencia y de la persistencia del cartagenero por salir adelante. El 96% de los ciudadanos accedió a servicios de salud, reflejo de la cobertura institucional del Distrito. Y hay un dato especialmente revelador: tres de cada cuatro cartageneros participaron en actividades culturales durante el último año.
En medio de las dificultades, la ciudad no dejó de encontrarse en su música, en sus espacios culturales, en su patrimonio. Y eso dice mucho. Porque cuando una ciudad sigue participando en su vida cultural, cuando mantiene viva su expresión artística y su encuentro colectivo, está reafirmando identidad. Está diciendo que no renuncia a su orgullo.
La cultura no es un dato accesorio. Es un termómetro de cohesión social. Y en ese sentido, Cartagena demuestra que, aun en contextos retadores, su energía colectiva permanece intacta.
Creo que la ciudad está atravesando un momento de ajuste: más exigente, más crítica, pero también más consciente de lo que necesita. Esa lectura coincide con una administración distrital que ha puesto sobre la mesa una hoja de ruta clara, con mayor visibilidad en ejecución y una narrativa de orden y recuperación liderada por el alcalde Dumek Turbay.
En ese entorno complejo y en transformación, Afinia logró mejorar en 16 puntos su percepción en Cartagena. Por primera vez en 20 años. No lo leo como una victoria, sino como una responsabilidad mayor.
Cuando la confianza crece en medio del escepticismo general, significa que algo empieza a alinearse: inversión sostenida, presencia en el territorio, diálogo social y disciplina técnica.
Servimos a más de 6,5 millones de personas en la Costa Caribe. Eso nos obliga a pensar estructuralmente. A entender que la energía no es solo infraestructura: es condición para el desarrollo, el empleo, el emprendimiento y la calidad de vida.
Si la ciudad avanza, nosotros debemos avanzar con ella. Si la ciudad exige más, debemos responder mejor.
Este resultado es una señal de que estamos construyendo un camino distinto. Pero también es un recordatorio de que la confianza se cultiva todos los días, con identidad, con cultura, con cercanía y con corresponsabilidad.
Seguimos, convencidos de que el desarrollo de Cartagena y el fortalecimiento de sus servicios públicos deben caminar juntos. Somos todos los llamados a transformar nuestra realidad y consolidar un futuro amable e incluyente para la ciudad.

