No es unánime el concepto de cultura visual, porque se alimenta de la fisiología, la óptica, la teoría del color, la teoría social de la imagen, la filosofía, la antropología, la historia del arte, la historia del cine o la teoría de la imagen entre muchas otras. La cultura visual ayuda a pensar cómo cambió nuestra percepción del mundo, cuando se da movimiento a la imagen fija. Ahí están las pinturas paleolíticas de la cueva de Altamira, y también las sombras descubiertas por las comunidades primitivas frente al fuego de su caverna, como práctica religiosa.
Hasta que en 1825, el matemático inglés Peter Mark Roget observó las ruedas de un tren en movimiento, cual ilusión óptica, pues tales ruedas parecían no girar hacia atrás. Aunque los europeos son los más conocidos, varios fueron los científicos, inventores, artistas, físicos y filósofos alrededor del mundo interesados en saber en qué consistía la percepción humana en los tiempos de máquinas cada vez más vertiginosas. Tal curiosidad dará como resultado la aparición del cine en 1895. El matemático inglés percibió el fenómeno de la ‘persistencia retiniana’ en las ruedas en movimiento, pues la imagen de los radios se superponen en la retina y el cerebro las enlaza como una sola imagen visual, móvil y continúa.
Siguiendo el mismo principio, al correr 24 imágenes por segundo, el cine generó la ilusión de movimiento. A lo largo del siglo XIX los científicos crearon instrumentos ópticos para analizar, debatir y comprobar enfoques y teorías sobre “la nueva objetividad”, “la verosimilitud”, “la verdad óptica” o la reconfiguración de los “regímenes de la visión”, instrumentos que se convirtieron en entretenimiento popular y en un gran negocio.
Uno de esos aparatos era el estereoscopio, fabricado por la Compañía Esteroscópica de Londres, y del que se habían vendido más de medio millón en 1856. Inventado en 1840 por Sir Charles Wheatstone, consistía en un visor que presentaba una doble imagen que se mezcla en el cerebro como una sola, lo que evolucionó hasta las gafas para ver cine en 3D.
La sensibilidad decimonónica del estereoscopio fue de tal impacto, que propició una posesión ocular masiva, y entre otras cosas, dio lugar a la imaginería erótica y pornográfica. En virtud de las rutas mercantes y navieras, desde fines del siglo XVIII, llegaron a este puerto ciertos instrumentos ópticos en las expediciones científicas de la mano de ilustrados que redescubrían el mundo, y de comerciantes que trajeron el daguerrotipo, en 1842; el cosmorama y el diorama en 1846; el fantascopio o disco mágico en 1849; y el vitascopio y el kinematógrafo en 1897.
“Quítate de la vía Perico, que ahí viene el tren”: en medio de tal estropicio, el cuerpo humano se adaptó a las formas del movimiento que sobrevinieron con el mundo moderno.
