Los evangelios presentan a Jesús en línea profética y no en línea sacerdotal; esto identifica que su práctica es la predicación de la presencia del Reino y no la realización de ceremoniales y ritos en el templo o las sinagogas. Esta perspectiva profética señala el sentido de conversión que conlleva su presencia entre nosotros. Tanto el bautista como Jesús al proclamar su cercanía señalan de inmediato la urgencia de acciones coherentes con esa proximidad (Mc 1,15; Mt 3, 1-3) En Jesús de Nazareth tenemos un auténtico actor socio religioso que denuncia proféticamente a los jefes de las naciones que las oprimen y declara que entre sus seguidores no puede ser así, porque el único poder posible para ellos, es el de servir y servir a los favoritos del reino.

Donald, ‘bueno el cilantro, pero no tanto’
HENRY VERGARA SAGBINIImportante recordar en este día el sentido de la política como servicio a los intereses de un país con grandes masas de pobres y ahora de víctimas de tragedias naturales que no escapan de la codicia de quienes sirven muy bien al dinero porque hace mucho que se han alejado de Dios, aunque lo mencionen y se alíen con hombres o mujeres de lo religioso y busquen sus apoyos y connubios. Soberana libertad de Jesús frente al poder y los poderosos, claro señalamiento de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mt 22,21).
En contraste con esta propuesta de Jesús nos encontramos inmersos en un tiempo de infernal dominio de los poderosos de la economía y de la política que se sienten con derecho a matar y hacer de sus crímenes televisados espectáculos de juegos artificiales que no muestran las vidas que se pierden, los cuerpos mutilados, los niños huérfanos y las madres que no entienden por qué sus hijos fallecen en una guerra que no es de ellos. Tanto el papa Francisco como el papa León han condenado la política de conseguir objetivos mediante la guerra, porque el fin no justifica los medios.
La misma violencia merodea el sur de Bolívar, La Guajira, Antioquia y los Llanos y la Mojana ahogándose y tantas víctimas de la inclemencia provocada por una larga historia de politiquería que ha creído que su función es oprimir y no servir a la presencialización del reino de Dios y su justicia, para que la paz venga por añadidura. ¿Y será que algunos de tantos candidatos que participan en la contienda de hoy creen en las propuestas de Jesús?
Son sus frutos los que hablan de su honestidad y su capacidad de ir más allá de sus intereses y de atizar polarizaciones para mejor reinar. Y en este tejemaneje de violencias y desgracias la esperanza sigue siendo lo último que se pierde porque sobre todo esto el Espíritu de Dios sigue fortaleciendo a los artesanos de la justicia y la paz.