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Columna

‘2001: Odisea del Espacio’

“A comienzos de los 80 vi la película por primera vez en el Teatro Miramar, barrio Pie de La Popa, y es inolvidable el retumbo de los parlantes con la banda sonora de ‘Así habló Zaratustra’, de Richard Strauss”.

Ricardo Chica Geliz

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El 7 de febrero de 1969 en el Teatro Cartagena se proyecta la película ‘2001: Una Odisea del Espacio’ (1968), de Stanley Kubrick. El estreno llama la atención al joven crítico de cine Alberto Sierra Velázquez y al periodista Melanio Porto Ariza. Ambos, antagónicos en la opinión pública de la época, comentaron en prensa su asombro por la verosimilitud de los efectos especiales, dados en una estética cinematográfica nunca antes vista en la ciencia ficción. Se hicieron referencias a la era espacial que marcaba la década y también a la disputa geopolítica entre rusos y norteamericanos. Ambos se fascinaron con el misterio del devenir humano y las aproximaciones a la inmortalidad que posibilitaba la ciencia y la inteligencia artificial.

En efecto, en la página de cartelera cinematográfica de los periódicos El Universal y El Diario de la Costa se prometía a los espectadores una experiencia visual inusitada, en virtud del avance de la técnica cinematográfica. De hecho, la película gana en 1968 el Premio Óscar a los ‘Mejores efectos especiales’, lo que se magnificó en el Teatro Cartagena, toda vez que estaba recién dotado del sistema de ‘Súper Panavisión de 70 milímetros’ y aquello significaba la duplicación del área de pantalla donde se proyectaba la película; de manera, pues, que ver cine era una experiencia más inmersiva que nunca.

La película pone en el centro la singularidad de Hall 9000, la computadora medular que controla la nave espacial ‘Discovery 1’ con destino al planeta Júpiter. Singularidad significa autonomía de pensamiento y toma de decisiones. Hall 9000 decidió que, la especie humana, es una amenaza a sus propósitos. La rebelión de las máquinas contra la humanidad es una historia muy vieja; sin embargo, en 1969 no solo aparece la película en mención, también se consolida el proyecto ARPANET, es decir, la espina dorsal que dará lugar a INTERNET en 1990. Hall 9000 es una advertencia formulada desde el cine sobre las consecuencias de la singularidad en el año 2001. Y la principal advertencia es clara: la inteligencia artificial está sesgada, en razón de quién la direcciona, según sus valores particulares e intereses, los cuales son totalitaristas.

Veinticinco años después del 2001, la Inteligencia Artificial Generativa, al parecer, da grandes pasos hacia la singularidad en procura de controlar la existencia humana a través de su explotación, jerarquización y desigualdad. Se trata de un robot cognitivo y omnisciente, toda vez que desaparece la privacidad y sobreviene la soledad y el vacío. Nos convencen de competir contra el humo.

A comienzos de los años 80 vi la película por primera vez en el Teatro Miramar, en el barrio Pie de La Popa, y es inolvidable el retumbo de los parlantes con la banda sonora de ‘Así habló Zaratustra’, de Richard Strauss. Así comienza la película.

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