Renuncié al Centro Democrático y, por ello me tildan de mal perdedor, porque no callé ante la opacidad, sino que solicité respuestas… que no llegaron.
La crisis del partido era evidente antes del atentado contra Miguel Uribe. En octubre de 2024 los precandidatos lo aceptaron sin reparos, pero hubo diferencias, hay que decirlo, porque gastaba a un ritmo que no estaba en las cuentas de sus compañeros, lo que generó una directriz del partido en almuerzo con el expresidente.
Luego vino el atentado y la total confusión. Que si Miguel sobrevivía sería el candidato fue un anuncio dramático y la primera de más insólitas reacciones. Vendría la acusación de la viuda contra María Fernada Cabal y su puja con el padre por el favor de Álvaro Uribe, hasta que el expresidente acepta a Uribe Londoño, quien empieza por rechazar a la encuestadora Atlas Intel, mientras sus asesores la contactan hasta lograr su renuncia para evitar “riesgos reputacionales”, con lo que se incumple una primera fecha.
Empieza entonces un vaya-y-venga: que ya no encuesta y el 6 de febrero como nueva fecha para anunciar, ya no un candidato, sino varios que irían a consulta. A pocos días ya no es el 6 de febrero, sino el 15 de diciembre, y otra vez con encuestas, pero ahora dos, contratadas a las carreras para elegir candidato oficial. Entre tanto, Andrés Guerra renuncia y Uribe Londoño es expulsado por buscar con Abelardo la vicepresidencia.
La elección de la última fecha fue otro atropello, días después del cierre de inscripciones a Congreso, lo que fue una expulsión de facto de las candidatas no triunfantes, y la confirmación del rechazo del expresidente a la propuesta de llevar a la segunda en votación como cabeza de lista a Senado. Paloma debe recordarlo.
Ese 15 de diciembre se destapa José Obdulio, asesor del partido y promotor de Pinzón, el candidato de Santos, con un libelo indignante para mi familia –“Sin Cabal, Uribe gana”–, en el que celebra el triunfo de Paloma. El portal donde lo publica hace una curiosa confesión de parte: lo fecha el 15 de diciembre y, a pie de página, aclara que se publicó el 16 ¿acaso se escribió antes de conocerse los resultados?
Ahora sí… renuncié, por dignidad. Regreso al lugar del que nunca me aparté: el legado de Álvaro Gómez en Salvación Nacional, donde lucharé contra la continuidad de la izquierda en el poder.
Me tildan de traidor, pero no traiciono mis convicciones. Lo que pienso lo digo; lo que digo lo escribo. En una anécdota atribuida a Camus, su impresor le advierte los riesgos de publicar un escrito en medio de la invasión nazi, y él responde: “Escribir es un acto de resistencia. Por eso debemos publicarlo. La lucidez no basta sin coraje”.
