comscore
Columna

Espiritualidad del cuidado

“Cuidar es una actitud ética que atraviesa la vida cotidiana: el respeto por el vecino, la protección de los ecosistemas costeros...”.

Compartir

En una ciudad tan vibrante y diversa como Cartagena, hablar de espiritualidad del cuidado no es un lujo, sino una necesidad. El crecimiento urbano, las brechas sociales existentes, los desafíos ambientales y las dinámicas existentes en el turismo exigen una mirada más profunda sobre cómo nos relacionamos entre nosotros, con la naturaleza y con nosotros mismos. La espiritualidad del cuidado propone precisamente eso: una cultura donde la dignidad humana, la solidaridad y el respeto por la vida estén en el centro de las decisiones personales y comunitarias.

Cuidar es una actitud ética que atraviesa la vida cotidiana: el respeto por el vecino, la protección de los ecosistemas costeros, el acompañamiento a los adultos mayores, la educación de los niños y la construcción de entornos seguros y protectores. Sin embargo, la dimensión espiritual aporta una motivación más profunda, porque conecta el cuidado con el sentido de propósito y trascendencia. Como ha recordado el Papa Francisco, “cuidar es amar”, una oración sencilla pero profundamente transformadora, porque nos invita a comprender que el amor auténtico siempre se traduce en acciones concretas hacia los demás y hacia la creación.

Cartagena tiene raíces históricas que pueden inspirar esta espiritualidad. La memoria de figuras como San Pedro Claver recuerda que el cuidado de los más vulnerables ha sido parte de la identidad de la ciudad. Hoy ese llamado sigue vigente, pero con nuevos rostros: comunidades en situación de pobreza, jóvenes que buscan oportunidades, familias afectadas por la desigualdad y un entorno natural que necesita protección frente al cambio climático y la contaminación.

En lo personal, he experimentado que la espiritualidad del cuidado no es un concepto abstracto, sino una vivencia concreta. “He comprendido que cuidar a otros transforma mi manera de ver la vida. Cuando escucho a alguien con atención, cuando acompaño a quien pasa un momento difícil o participo en iniciativas comunitarias, siento que también crezco interiormente. El cuidado deja de ser una obligación y se convierte en una oportunidad de amar y de construir esperanza”. Este testimonio refleja que la espiritualidad se fortalece en lo cotidiano, en los pequeños gestos que muchas veces pasan desapercibidos, pero que tienen impacto profundo en las personas y en la comunidad.

Promover la espiritualidad del cuidado implica fortalecer redes comunitarias, fomentar la empatía y reconocer que el bienestar individual depende del bienestar colectivo. Las instituciones educativas, las organizaciones sociales, las empresas y las iglesias tienen un papel clave en la formación de ciudadanos sensibles al sufrimiento ajeno y comprometidos con el bien común. También las políticas públicas pueden integrar esta visión, priorizando el desarrollo humano integral y no solo el crecimiento económico.

En tiempos donde predominan la prisa y el individualismo, recuperar la espiritualidad del cuidado puede convertirse en una oportunidad para reconstruir la confianza social. Cartagena no solo puede ser un destino turístico de clase mundial, también un referente de humanidad, solidaridad y esperanza. El futuro de la ciudad dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad de cuidarnos unos a otros y de cuidar la casa común que compartimos.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News