A las ciudades se les quiere por motivaciones diferentes: haber nacido en ellas, acogerlas como lugar de residencia, experimentar en su seno experiencias inolvidables. Los encantos de Cartagena son numerosos y potentes: históricos, patrimoniales, artísticos, culturales, naturales, sociales.
Cartagena atrapa con una intensidad asombrosa. La fuerza de su atracción es imperecedera. Se le ama cuando se está en su territorio físico y se convierte en anhelo mental lejos de ella. Es como un amor imposible de olvidar. A veces genera sinsabores, rechazos, pensamientos adversos. Esas emociones suelen ser pasajeras, momentáneas. Después retorna el pechiche, el recuerdo imborrable, las múltiples razones que la convierten en el centro del afecto.
Por ser especial, se le trata en ocasiones con rudeza. El rechazo, sin embargo, no es contra ella. El escritor Efraín Medina, nacido y nutrido hasta el tuétano de la Cartagena de carne y hueso, la llama “Ciudad Inmóvil”. Es dardo directo a su dirigencia y a mucha de su gente, a las que considera un desastre permeado por la mediocridad y la ordinariez, impedidas de logros que puedan enmarcarse. Personalmente, la llamo la “Ciudad de la Ilusión”. Por ser como anhelo que no cristaliza. Vano ensueño. Fantasmagoría lejana. Visión engañosa que confunde y desorienta.
Pareciera que buscamos la perfección en esa ciudad que nos seduce. Que nos recuerda acontecimientos imperecederos, historias increíbles que nuestra psique se niega a borrar y busca traerlos de regreso. Algunos son tan grandiosos como su colonial sistema de defensa, el inmejorable puerto para la flota de los galeones, el florecimiento de la ciencia médica, la gesta libertaria. Otros tan vergonzantes como el comercio de esclavizados, la “Santa Inquisición”, el racismo, la miseria de las mayorías.
Desde sus albores fue ciudad de contrastes. Tuvo linaje, riqueza, poder, de un lado. Exclusión, pobreza, del otro. Esa pobreza/miseria no se acabará con asistencialismos. Puede enfrentarse con educación de calidad desde primera infancia. Compromiso público privado que cierre brechas, obras de beneficio general, innovación, deporte masivo, turismo responsable y sostenible.
Exigirá años de esfuerzo colectivo. Sinergia de todos los actores para salir avante. En 2033 Cartagena celebrará 500 años de historia. Debe ser memorable. El alcalde Dumek Turbay pone las primeras piedras para que vuelva a hacer historia. Regrese la confianza. El orgullo. Para que no siga siendo “inmóvil” ni “vana ilusión”. La nueva Cartagena.

