Aunque pareciera como intentar pasar a Tierrabomba debajo del agua con una sola bocanada de aire, y aunque miremos para atrás y pareciera que hubiésemos recorrido un Sahara de desaciertos y desvergüenzas, ese desierto estéril de inteligencia ya está por irse.
La revelación de la historia clínica de un menor de edad sin autorización de la familia por parte del presidente ha sido una patada de burro que suma a las tantas estupideces intergalácticas que este mal hombre ha dejado sobre los colombianos. Estoy tratando de hacer memoria. Resollan los discursos ante la ONU promoviéndose él mismo como el gran salvador de la humanidad. La orden de desobediencia que dictó a aquellos policías en Nueva York, la siniestra reunión con su hijo Nicolás para después salir a negar su crianza, la volada de topes de financiación en su campaña, la revelación de un mapa de inteligencia del Ejército a la guerrilla cuando el Catatumbo estaba zozobrando en la hecatombe de la paz total, las llegadas tardes a los compromisos oficiales, la caminata nocturna con un travesti en Panamá, los ataques por desfinanciación a los megaproyectos de Antioquia, la desfinanciación intencional a los hospitales, el endeudamiento a dedo con una empresa de inversiones a la que le vamos a quedar debiendo cada colombiano poco más de media vida, las intentonas de declarar emergencia económica bajo cualquier pretexto, el escándalo de la UNGRD, la comunión con los pobres lancheros pescadores a quienes les destruyeron sus humildes embarcaciones de 3 y 4 motores poderosos (qué casualidad que cada vez que fueron hundidas las aguas alrededor se tornaron blancas…), las guerras e intromisión con los asuntos de la Corte Constitucional, la subida de la gasolina, impuestos, el empobrecimiento del sistema de salud colombiano, el frenazo a los proyectos de energía eólica de La Guajira con el consecuente sobrecosto, el espejismo del agua para La Guajira con unos carrotanques, las peloteras y escándalos de Laura Sarabia, la inclusión en la lista Clinton y la cancelación de su visa americana, y bueno, se me puede terminar el espacio y no creo que hayamos llegado a la mitad.
Sería bueno que todos nos preguntemos, casi a manera de concurso, ¿cuánto tiempo habría durado Petro como presidente del Perú? ¿Se puede contar en días? ¿Semanas? ¿Alguien se atreve a mencionar un año?
Tal vez, a diferencia del Perú, aquí en la autoflagelada patria, denunciar corrupción, escándalos, e ilegalidades de este tipo de personajes es un deporte, una actividad nacional que encanta, genera audiencia, sirve para dialogar y chismosear con desconocidos y para darnos cuenta de que, o tenemos mucho miedo a aplicarnos las reglas que nos rigen, o no nos importan tanto estos “pormenores” del poder, como a los peruanos.
