comscore
Columna

Los Therian

“Reluce cómo los referentes familiares, escolares y sociales están fallando en fortalecer los procesos sanos de inclusión...”.

Christian Ayola

Compartir

Había una vez un joven zorro llamado Zapi que vivía cerca de una granja. Desde pequeño había sentido una gran admiración por las gallinas. Le fascinaba verlas caminar en grupo, picotear el suelo y dormir todas juntitas en su gallinero. A diferencia de los otros zorros, que solo pensaban en cazar, Zapi soñaba con ser una más de ellas. Una mañana se fabricó unas alas con hojas secas y plumas que había encontrado por ahí, se pintó el lomo y se presentó frente al gallinero. Las gallinas, al verlo, se asustaron y corrieron a esconderse.

¡Esperen -gritó Zapi-, no quiero comerlas, quiero ser una de ustedes! Doña Clotilde, la gallina más vieja y sabia, salió de entre las demás: -¿Un zorro que quiere ser gallina?, eso sí que nunca lo había visto. Zapi insistió tanto que las gallinas decidieron darle una oportunidad. Pero cuando intentó poner un huevo, solo se quedó sentado pujando sin resultado. Cuando quiso cantar al amanecer, su “¡quiquiriquí!” sonó tan raro que todos se echaron a reír.

A pesar de todo, Zapi no se rendía. Les ayudaba a buscar granos, vigilaba el corral y hasta espantaba a los zorros de verdad. Poco a poco, las gallinas comenzaron a quererlo. Sin embargo, un día, un zorro enorme apareció para atacar el gallinero. ¡Déjalas en paz!, gritó Zapi, poniéndose enfrente. El otro zorro lo miró sorprendido. ¿Qué haces defendiendo a las gallinas? ¿Realmente eres un zorro?

Tal vez, respondió Zapi, pero yo protejo a mis amigas. El gran zorro huyó al ver la determinación en sus ojos. Desde entonces, Zapi no quiso fingir más. Siguió siendo un zorro, pero visitaba cada día a las gallinas, que lo recibían como a uno de los suyos. Había comprendido que no necesitaba dejar de ser quien era para pertenecer.

El cuento enseña la importancia de la identidad y la aceptación de uno mismo. Zapi, el zorro, busca encajar en un grupo que admira, pero en su intento de ser como los demás olvida que su valor está precisamente en lo que lo hace diferente. Al final, descubre que no necesita cambiar su esencia para ser querido y respetado.

Del fenómeno therian hay tanto para escribir que fácilmente llenaríamos todas las páginas de este diario. He introducido esta fábula, tratando de sintetizar y transmitir la clave del fenómeno: la falla en el proceso de convertirse en persona, de adquirir identidad propia, de aceptarse y lograr aceptación familiar y social.

Reluce cómo los referentes familiares, escolares y sociales están fallando en fortalecer los procesos sanos de inclusión e integración, escenarios claves para alcanzar la construcción de identidad, generando la posibilidad de construcción de identidades falsas o alternativas, abundantes en las plataformas.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News