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Columna

Crecimiento sin acumulación

“El resultado es un crecimiento que puede verse saludable, pero cuya profundidad estructural merece examinarse con cuidado”.

Susana Mendivil

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El más reciente reporte económico del DANE dejó una fotografía interesante, y más compleja de lo que parece a primera vista, sobre el crecimiento colombiano en 2025. La economía creció, sí, pero no todos los sectores lo hicieron de la misma manera.

El mayor aporte provino del comercio, el transporte, el alojamiento y los servicios de comida. También crecieron con fuerza la administración pública, la educación, la salud y las actividades artísticas. En contraste, la construcción cayó 2,8 %, y la explotación de minas y canteras retrocedió 6,2 %. No se trata solo de qué sectores crecen o decrecen, sino de qué tipo de crecimiento estamos teniendo.

El comercio y los servicios hablan del dinamismo en el consumo. La administración pública refleja, en gran medida, el funcionamiento del Estado. La construcción y la minería cuentan otra historia: la de la acumulación, la de la infraestructura, la de la capacidad productiva que se construye con el tiempo. En otras palabras, el consumo aumenta el bienestar inmediato. La inversión amplía la capacidad productiva del mañana. Cuando el crecimiento proviene principalmente del consumo, la economía puede verse activa en el corto plazo. Hay movimiento, hay flujo de caja, hay cifras positivas. Pero si la acumulación de capital se debilita, el crecimiento pierde profundidad estructural.

La caída del sector construcción ilustra esa tensión. Las tasas altas y los ajustes en subsidios explican buena parte de la desaceleración. Sin embargo, que esos factores sean capaces de frenar con tanta rapidez al sector revela algo más profundo: una estructura altamente dependiente de crédito accesible y respaldo fiscal continuo. No es un problema nuevo. Es la manifestación de un modelo cuya estabilidad depende de condiciones financieras y fiscales favorables. Cuando esas condiciones cambian, la desaceleración no tarda en aparecer.

Lo relevante no es asignar culpas coyunturales, sino reconocer una pregunta de fondo. ¿Estamos creciendo sobre bases que fortalecen la capacidad productiva futura, o estamos sosteniendo el dinamismo principalmente a través del consumo y el gasto corriente?

Colombia no carece de sectores de inversión sólida, pero su estructura productiva es altamente sensible al ciclo. En contextos de restricción monetaria y fiscal, la inversión es la primera en resentirse. El consumo suele resistir más. El resultado es un crecimiento que puede verse saludable en el corto plazo, pero cuya profundidad estructural merece ser examinada con mayor cuidado.

Una economía puede crecer consumiendo durante un tiempo, pero si el crecimiento no fortalece la capacidad productiva, su impacto en el desarrollo será limitado.

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