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Columna

La Universidad...

“El poema enseña que la universidad es punto de partida del conocimiento y que debe encender la llama interior...”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

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Su familia había sido importante desde el principio de los tiempos. Lo habían sido, y con su padre aún lo eran, por tener, por ser y especialmente por linaje, ya que tenían una conexión directa con el profeta. Esto le daba a su parentela la mayor legitimidad que pudiera haber. Y es que ser un Sayyid o un Sharif generaba un aura de reconocimiento y prestigio que trascendía cualquier frontera o gobierno. Una de esas crisis de su natal Túnez obligó a su padre a dejarlo todo y empezar de cero tras un arduo y extenuante periplo hasta Fez, en Marruecos. Siglos de emprendimientos fallidos y exitosos hacían correr por las venas de su padre la sangre de los fenicios y beduinos, ambos verdaderos mercaderes de mares y desiertos. La mayor virtud del padre era ese hermoso y delicado ancestral arte de discutir y regatear cualquier precio ofrecido o pedido hasta el infinito y más allá. Con ello el padre logró amasar una inmensa fortuna que contrastaba con la extrema devoción espiritual de su hija. En esos dobleces y sarcasmos que la vida suele tener, en muy poco tiempo, fallecieron su padre, su esposo y su hermano. Con las resultas que nuestra heroína y su hermana quedaron huérfanas de todo, pero nadando en una abundante y gigantesca herencia. Y allí cambió todo. En el primer día del Ramadán, hace casi 1.200 años, Fátima al-Fihri puso la primera piedra de lo que inicialmente pensó que sería una hermosa mezquita. Durante los dos años que duró la construcción, ayunó como voto de gratitud mientras supervisaba cada detalle del proyecto.

Así se dedicó en cuerpo y alma a madurar conceptualmente la mezquita como centro comunitario, faro de pensamiento, religiosidad y educación que con el tiempo se expandió a impartir enseñanzas en matemáticas, música, literatura medicina y demás saberes. Al-Qarawiyyin se convirtió en la primera universidad en la historia de la humanidad, hoy aún funciona y es reconocida incluso por la Unesco. Durante siglos fue faro, luz y guía para sabios de oriente para luego entrar en la decadencia de la cual resucitó en el siglo XX.

Igual que Fátima, el “Gitano erudito” de Matthew Arnold convirtió en poema una elegía a la universidad, basado en una antigua leyenda de un estudiante de Oxford que se unió a los gitanos en la persecución frenética de la verdadera sabiduría. El poema enseña que la universidad es punto de partida del conocimiento y que debe encender la llama interior de esa búsqueda interminable, “pero posees un destino inmortal, y te imaginamos exento de la vejez y viviendo como vives en la página de Glavil, porque tenías -lo que nosotros, ¡ay!, no tenemos- un objetivo, un solo negocio, un solo deseo”.

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