Cartagena asiste hoy a un debate necesario, pero peligrosamente mal enfocado. El proyecto de renovación del Paseo Peatonal de la Bahía, con la inversión de 168 mil millones de pesos, ha sido señalado por algunos sectores, incluido el Gobierno Nacional, bajo la premisa de que es una obra para “favorecer a los ricos”.
Esta narrativa ignora que la Bahía de Cartagena no es un patrimonio privado, sino el espejo de agua que define nuestra identidad y el espacio público más democrático que posee la ciudad.
Como residentes de Bocagrande y Castillogrande que hemos cumplido puntualmente con el pago de altos impuestos prediales por décadas -recursos que financian gran parte de la inversión social en barrios como Olaya, El Pozón o Nelson Mandela-, tenemos el derecho legítimo de exigir que ese esfuerzo fiscal retorne en obras que salven nuestro entorno inmediato.
Sin embargo, el Paseo Peatonal trasciende las fronteras del estrato seis. Este corredor es el trayecto diario de miles de trabajadores, deportistas de toda la ciudad y turistas.
Hoy, las inundaciones constantes y el ingreso de agua de mar deterioran, por corrosión acelerada, las motos y vehículos de quienes vienen a laborar o a disfrutar del paisaje, destruyendo un patrimonio que a las familias cartageneras les cuesta años construir.
Aplaudo la determinación del alcalde Dumek Turbay de ejecutar esta obra tras años de inacción y promesas rotas.
Cartagena finalmente tiene una administración que entiende que el deterioro de la Bahía nos hunde a todos; no obstante, el aplauso viene acompañado de una exigencia técnica innegociable: los diseños deben considerar un periodo de retorno mínimo de 100 años.
No podemos permitir soluciones efímeras que el cambio climático borre en una década; necesitamos ingeniería de vanguardia y transparencia absoluta en la contratación.
Finalmente, invito a la ciudadanía a ser asertiva en el discurso y abandonar el resentimiento semántico de los estratos.
En el sistema de tributos, los estratos altos están subsidiando permanentemente a los sectores menos favorecidos. Generar malestar social por intervenir la Bahía es un error estratégico; si este motor de recaudo y turismo colapsa, la inversión en la periferia se detiene.
Proteger el Paseo Peatonal es proteger el futuro de todos los cartageneros. La ingeniería no tiene estrato, tiene soluciones.
*Escritora.

