Para todos aquellos que tengan menos de 25 años (y para los que teniéndolos se hacen los desentendido), es bueno hacer un poco de memoria, esa que tanto le gusta a los zurdos, que se jactan de ser la memoria viva de la nación. En marzo de 2008, es decir hace 18 años, un sujeto conocido con el alias de “Raúl Reyes”, un curtido guerrillero de la organización terrorista conocida como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fue felizmente abatido por las auténticas fuerzas armadas colombianas, en su campamento en las selvas de Ecuador.

De la vociferación al amordazamiento en Washington
JOSE DAVID VARGAS TUÑÓNEl desaguisado generó ampollas en el socialismo del siglo XXI, poniendo a unos muy ofendidos Hugo Chávez y Rafael Correa a defender la soberanía de sus estados, acusando al gobierno colombiano, entonces encabezado por Álvaro Uribe Vélez (ya en ese momento salpicado por los crímenes de los “Falsos Positivos”), de estar desviando la atención de su responsabilidad en el escándalo de la Parapolítica. La ruptura de relaciones diplomáticas no se hizo esperar.
Sin embargo, días después de la escaramuza, se descubrió que con los restos del infame camarada y 21 de sus compinches, quedaron intactos 3 computadores portátiles, que al mejor estilo del también infame Jeffrey Epstein, guardan secretos escandalosos sobre los ya sabidos (y convenientemente olvidados) nexos de la insurgencia narcoterrorista con la no muy pulcra clase política colombiana.
3 computadores, 37.872 documentos de texto, 452 hojas de cálculo, 210.888 imágenes, 10.537 archivos multimedia, que pesaban 610 gigabytes de información, no fueron suficientes para iniciar procesos penales contra medio congreso de la época, porque en un fallo de 2011 que nadie entendió, la Honorable Corte Suprema de Justicia de Colombia decidió que la información con vocación probatoria no había sido manejada con los protocolos internacionales para la cadena de custodia, es decir, para evitar su manipulación.
Resulta cuando menos absurda tal providencia, en el entendido que la propia Interpol, con peritos internacionales, haya dicho en 2008 que ese material no sólo era auténtico, sino que además estaba certificada su cadena de custodia, con lo cual su uso probatorio era no sólo lícito, sino necesario para ajustar cuentas… pero como dice la canción del fallecido Willie Colón, “El pasado no perdona”
Esa canción ya no suena a bolero, sino a rock gringo y a joropo. Sí, sólo la justicia estadounidense podría hacer una mezcla tan ecléctica. Resulta que ese material desestimado por la justicia colombiana, allá en el Norte está siendo usado para procesar por narcotráfico al hasta hace pocos días Todopoderoso mandamás de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, vástago de la trasnochada Revolución Chavista.
Sale a la luz como curiosidad como acá en Colombia se le hizo un lavado de imagen a la insurgencia y a sus eternos enamorados, y al estilo de Macondo, nunca pasa nada. En ese momento se hizo pública la sabida relación de Piedad Córdoba con personajes nefastos que simpatizaban con las FARC, hasta el punto de llegar a decir que esa tal “Teodora de Bolívar” y la señora del turbante eran la misma persona.
Al mejor estilo de los gulags, los tenían amarrados como perros a los árboles, encadenados y sometidos, humillados porque hasta para hacer del cuerpo estaban vigilados y escrutados. Qué sencillo es para la zurdería hablar de derechos humanos, mirando para todos lados, en lugar de mirarse a un espejo. Muchos de esos secuestrados (no retenidos como mezquinamente han dicho en la JEP), preferían morir antes que seguir aguantando esa vida que no es vida.
Todo esto sería no más una anécdota del desprestigio de los partidos políticos y sus tratos con la narcoinsurgencia, de no ser porque en esos documentos, repito, ya validados como auténticos hace 18 años, se menciona a cierto sujeto que pretende ser presidente con cuestionados y dudosos méritos.
Resulta que en 2008, en el mes de enero, gente de bien de nuestro país convocó una marcha por Facebook para, como es lógico, rechazar a las FARC, a sus aliados, a sus crímenes y a sus miembros. Para ese año, la narcoguerrilla había asestado golpes durísimos contra el país, dizque luchando contra el hambre y no se qué más diatribas trasnochadas. Tenían en su poder un número inmenso de policías, militares y civiles, entre ellos excongresistas y excandidatos presidenciales.
Los facebookers lograron reunir 1 millón de ilustres colombianos, de todos los sectores, aunque mayoritariamente de la derecha, para marchar por las principales ciudades del país, pero para fortuna de la historia llegaron a ser casi 6 millones de colombianos alrededor del mundo. Todos con camisetas blancas y gritando con dolor de Patria “No más secuestros / No más muertes / No más FARC”.
Enchina la piel recordar esos gloriosos momentos, porque aunque era un niño, recuerdo ver mares de color blanco y tricolor, gente llorando y gritando, familias con los rostros de sus seres queridos saliendo a clamar justicia. Nunca, léanlo bien, nunca habrá algo parecido, y no porque lo diga yo, es que las cifras no mienten, como si lo hace cierto ilustre candidato a sentarse al solio de Bolívar.
Aquel personaje que ustedes ya saben quien es, lideró una contramarcha por las víctimas de los paramilitares, diciendo que, y sin faltarle razón, al menos parcialmente, las jornadas de marzo fueron para hacer política y además patrocinadas por paramilitares. ¡Qué caradura ese! La contramarcha, ponga bien atención a las fechas, fue el 6 de marzo de 2008.
Volviendo al chasco diplomático de Venezuela y Ecuador, se supo después que los documentos obtenidos en el campamento de Raúl Reyes mencionaban esa contramarcha, y con nombre y apellido propio a su promotor, ustedes saben quien. Nuevamente, la marcha blanca fue el 4 de febrero, su tímida respuesta fue el 8 de marzo, y los Reyes’s files fueron obtenidos ente el 1 y el 2 de marzo, demostrando un escandaloso nexo de causalidad.
El quid del asunto es que don “Ustedes saben quien” fue mencionado en correos, al estilo Epstein, donde una fémina con ya probada relación con las FARC (para más inri, enlace de los traqueto-comunistas en España) escribe que él mismo estaba organizando la contramarcha del 6 de marzo, para, según dice ese correo, tener mayor impacto que la de febrero. Surgen interrogantes como ¿Qué hace una persona aparentemente inocente mencionada en correos de probados terroristas? ¿Por qué necesitaban organizar esas marchas? ¿Por qué querían opacar una marcha pacífica y humanista? ¿Sabía Don Señor que era objeto de esas menciones, o todo fue a sus espaldas?
Esperamos que por el bien del país usted aclare esta situación y nos explique qué carajos hace usted mencionado en esos correos, y el alcance de sus relaciones con esas personas de dudosa procedencia. Carpe Diem Señor Ciprés, y recuerde que si las cuchas tenían razón, el cucho Reyes también.
