En el riquísimo idioma español abundan frases capaces de describir aquellos individuos que, para salvar su pellejo, se despojan de culpas y fracasos. Ahí están en todos los niveles sociales, deportes, política, Casa de Nariño, y hasta en los más humildes como encopetados hogares aparecen chivos, vacas y bicicletas expiatorias inspirando célebres producciones literarias dirigidas a fortalecer el humanismo narrando anécdotas, fábulas y parábolas, asumiendo obligaciones que fortalezcan el carácter, cambios personales y sociales en búsqueda de equidad social, adaptándonos a nuevas circunstancias, utilizando armas legitimas: justicia, inteligencia, respeto ilimitado, sin restricciones ni segregaciones políticas, raciales; culturales, religiosas ni económicas.
‘La culpa es de la vaca’ constituye un documento literario sencillo invitando a la creatividad y tolerancia, asumiendo resultados de nuestros actos, responsabilizándonos de tragedias como la de Kevin Arley Acosta Pico, 7 años, excusándonos en “Eso no me toca”, endilgándole culpas al primero que se atraviese, incluyendo la pacifica vaca rumiando en el corral o a la humilde bicicleta, cuando la responsabilidad anida en la indiferencia, ambiciones insaciables, negligencia, deshumanización, convirtiendo pacientes en mercancías, importándoles un comino el dolor que carcome el corazón de madre. Ojalá la muerte de Kevin no se archive, siga doliéndonos a colombianos y ciudadanos del mundo, no sabemos quién será la próxima víctima. Hoy lloramos la partida anticipada de un ángel que no murió víctima de su inseparable bicicletica, fue asesinado a sangre fría por la indolencia, pisoteando la Convención sobre Derechos del Niño, que establece que están muy por encima de cualquier consideración administrativa, económica, burocrática y golpes de pecho. Ojalá esta muerte no se archive como tantas otras que, a fuerza de repetirse y repetirse, a nadie conmueve.
Que la partida trágica de este angelito no sea en vano en un país donde la salud dejó de ser un Derecho Fundamental, inviolable; transformándose en mercancía y, el acceso oportuno a medicamentos y procedimientos vitales en situaciones de vulnerabilidad, en volátiles quimeras. Exigimos no seguir responsabilizando públicamente a su adolorida madre, mucho menos, mostrar públicamente la historia clínica, pues constituye un flagrante delito (Articulo 34, Ley 23 1981).
La lógica vital señala que los hijos sepultan a sus padres. Kevin, nacido para vivir gozoso con apoyo de la terapéutica médica que controla eficazmente la hemofilia, sufrió imperdonable viacrucis.
Confieso que escribo estas palabras profundamente adolorido e indignado. Como padre, abuelo y pediatra alzo la voz ante la presencia mañosa de Pilatos; exigimos justicia pronta en esta patria indolente, dejando constancia de que los Derechos del Niño, no son altruistas concesiones, constituyen mandato ético-jurídico para proteger la vida y la salud, brindándoles atención eficiente y oportuna, sin renunciar a su amada bicicleta que, le aseguro Señor presidente, ella no tuvo la culpa.

