Dicen que en tierra de ciegos el tuerto es rey. Hace cinco lustros ese “tuerto” fui yo: por encargo del entonces rector, el capitán Luis Enrique Borja Barón, asumí la misión de gestionar la puesta en marcha de la primera versión del programa de Comunicación Social de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB). Por aquel entonces era el jefe de comunicaciones y el único comunicador en toda la Institución. El pasado 19 de febrero se cumplieron los 25 años de la primera clase.
En el inevitable ejercicio de la nostalgia, los recuerdos resultan más que gratos. El programa siempre ha contado con docentes y estudiantes comprometidos y dispuestos. Por ello, aun en los albores, se logró hacer presencia en la ciudad, se notó su existencia y entusiasmo y hasta se cambió de alguna manera la dinámica de la universidad. De pronto, el campus se llenó de estudiantes agachados en busca de un ángulo para una foto, escenas de entrevistas con cámaras al hombro y transmisiones radiales desde los pasillos. Pero más allá de lo anecdótico, lo que realmente sucedió fue una transformación cultural en la que se comprendió que la comunicación no es un accesorio instrumental, sino un eje estratégico capaz de interpretar, informar y transformar realidades.
No pasó mucho tiempo antes de que esos estudiantes inquietos, de la mano de sus docentes, comenzaran a mostrar potencial y realidades que han traspasado los muros de la UTB y que incluso en otras latitudes han logrado brillar.
Es historia y es presente: estudiantes y docentes premiados en diversos escenarios (incluido un Premio Simón Bolívar), investigación reconocida, publicaciones, ponencias y una vocación sostenida por construir medios y conversación pública: proyectos informativos como “Revista Visor” y de divulgación científica como “Attuá”. Son logros que muestran el compromiso, la dedicación y la vocación de los diferentes equipos que a lo largo de su historia han liderado el programa. Por algo cuenta con acreditación de alta calidad por parte del Ministerio de Educación.
Sus egresados han cruzado fronteras; los vemos hoy destacándose y demostrando que lo que se gestó en Cartagena tiene validez universal. Para ellos, la comunicación no fue un “hacer por hacer”, sino un “saber para qué”, ese principio que tanto defendemos hoy desde la comunicación estratégica.
Tras muchos años ausente al asumir otras misiones institucionales, al regresar veo, ya con ambos ojos, un programa vigoroso, comprometido y esencial que se redimensiona como parte de la Escuela de Transformación Digital. Al final, la comunicación social en la UTB no ha sido solo una carrera; ha sido un proyecto serio y con convicción en el poder de la palabra y el pensamiento crítico y estratégico para cambiar el mundo. Se merece la celebración.
*Profesor asociado - Escuela de Transformación Digital.

