Las imágenes que nos presenta el panorama climático son dramáticas y lamentables: desbordamientos, inundaciones, pérdidas humanas y animales, arrasamiento de cultivos, destrucción de vías de comunicación, y hambre, desolación y aparición de toda clase de enfermedades en importantes zonas del territorio nacional.

Salario mínimo: el debate jurídico
Yezid Carrillo De La RosaLos analistas perciben con perplejidad que una época tradicionalmente cobijada por el verano se haya convertido, contra todas las predicciones, en ola invernal, lo que ha significado que a todos haya sorprendido en medio de la imprevisión total para atender la presencia de la avalancha y del desastre.
Pero quienes conocen del comportamiento climático no dudan en señalar la responsabilidad en dos factores: la ignorancia del ser humano, que se ha dedicado persistentemente a atropellar el medio ambiente, y la desidia de las autoridades, que no han estado en condiciones parta asumir sus responsabilidades frente a la estabilidad climática y el respeto por el medio ambiente.
Según las estadísticas globales, las medidas de protección del medio ambiente están beneficiando a 1.200 millones de personas, para las cuales se invierten 190.000 millones de dólares; pero existen 3.000 millones de personas adicionales que solo tienen una protección limitada.
Lo que estamos experimentando en estos días no es otra cosa que las consecuencias del indebido comportamiento frente al medio ambiente que nos rodea: mermamos los humedales, les quitamos espacio a las lagunas, deforestamos las cuencas de los ríos, contaminamos las aguas, destruimos los bosques, y encima le aplicamos miles de toneladas de partículas contaminantes al aire que nos rodea. Las consecuencias ahí están: el régimen de lluvias se distorsiona, los caudales de agua se achican y se crecen desmedidamente, los humedales y lagunas reaccionan frente a sus áreas naturales usurpadas y el aire se corrompe con partículas tóxicas que enferman la humanidad y elevan de manera preocupante la temperatura.
En medio de todo este lamentable panorama, es hora de revisar nuestras políticas ambientales, de mejorar las estrategias, de construir compromiso entre las comunidades y el gobierno, y de procurar un mayor aprovechamiento de los recursos, hoy atomizados en 33 Corporaciones Autónomas Regionales, cuya estructura es más política que técnica.
La adaptación climática es demasiado seria; no abordarlo con prontitud significa vivir en medio del desastre, con la terrible cuenta de cobro encima.
