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Columna

Necesidades y necedades

“No necesitaremos ni de nuestros propios pensamientos: ya vendrán incluidos, incorporados, homogéneos, todos en 2 siglas, IA...”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

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De un tiempo a esa parte la inestabilidad era lo predominante. La ciudad y la región entera bullían en crisis. Le había tocado padecer la maledicencia y la calumnia de una escandalosa acusación por falsificación. Eso lo hizo cambiar y rechazar de un tajo cualquier convencionalismo social. No dejó escrita una sola sílaba y sin embargo sus acciones trascendieron milenios y llevaron a una postura filosófica y vital. En un giro inusitado llevó a la cultura griega a pensar en la vida individual y la tranquilidad interior. La crítica al sistema imperante fue su mayor legado. Hastiado de buscar inútilmente a un hombre cien por ciento honesto se fue aislando cada vez más, promoviendo para sí mismo la autosuficiencia y la no dependencia de nada ni de nadie. El cinismo lo llevó a considerar que la felicidad era un concepto atado a la independencia absoluta de todo y de todos y especialmente a no necesitar de reconocimiento social. Asceta como el que más, poco a poco fue abandonando cualquier pertenencia superflua o innecesaria. Hasta el punto de que su única posesión era una escudilla para beber y comer cuando le daba por esas necesidades mundanas. La mayor lección de vida la recibió mientras paliaba la sed tomando agua con la susodicha escudilla que con tanto esmero llevaba atada al cinto. Al otro extremo de la plaza alcanzó a ver a un niño que bebía de la misma fuente usando como original cuenco únicamente sus propias manos ahuecadas. De inmediato reconoció que el niño y natura lo habían superado en simplicidad y autosuficiencia y arrojando la escudilla lejos de sí tomó agua en el cuenco de sus dos manos y se alejó feliz.

Quienes hemos vivido las últimas cuatro décadas hemos visto cómo la tecnología se ha portado como Diógenes, pero al revés. Al principio necesitábamos un televisor, un radio, una calculadora, una oficina de correos, un gran computador, un teléfono fijo, un libro y muchas cosas más. Con el tiempo todo eso vino incorporado en el teléfono o en una tableta y ahora ya está totalmente incorporado en unas gafas o en cualquier otro aditamento. Claro, dentro de poco lo tendremos incluido dentro de nuestro propio cuerpo y todos seremos uno. Con las resultas que no necesitaremos ni de nuestros propios pensamientos puesto que ya vendrán incluidos, incorporados, homogéneos, todos en dos siglas, IA.

Dos milenios después de Diógenes, otro pensador, Henry David Thoreau se tomó dos años, dos meses y dos días para demostrar que la autarquía era posible al construir una vida en solitario, una cabaña y escribir en ella su Walden y dejarnos una frase lapidaria “un hombre es rico en proporción a la cantidad de cosas de las que puede prescindir.”

*Profesor en la Universidad de Cartagena.

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