Da dolor decirlo al ver la tragedia humana y ambiental que causan las inundaciones en el departamento de Córdoba. Mas de 30.000 hectáreas inundadas por la fuerza de la naturaleza, y tal vez por un error humano. Lo que sucede en Córdoba no es otra cosa que lo que el pueblo chino llamaba el ‘Mandato del Cielo’, que no es más que el castigo de la naturaleza a un territorio cuyos dirigentes y su clase política ha caído en corrupción, y en este pueblo, tal vez la más corrupta del país, lo que también significa que hay que cambiarla.
La corrupción en Córdoba es la norma general, es el código de conducta, es la cosa cotidiana que acontece como si nada, con desparpajo y sin ruborizarse. Es una manera de vivir que rebasa cualquier racionamiento.
Ya hablábamos largo y con mucho dolor, y que fue motivo de varios artículos a cuatro manos con mi gran amigo el dr. Remberto Burgos De La Espriella (qepd), cuando debatíamos sobre el cerebro corrupto, que es la capacidad de una zona del cerebro llamada ‘Amígdala’, de atrofiarse tanto que no sabe distinguir el bien del mal y ve todo lo malo como bueno, así como si nada, sin ningún distingo ético-moral y sin remordimiento.
Y asombran casos como que el departamento tenga cinco senadores por la abundante compra de votos en las elecciones. Y la comisión de acusaciones de la Cámara de Representantes del Congreso esté conformada por costeños, generalmente políticos cordobeses, como el famoso caso oprobioso del tristemente célebre Heine Mogollón.
Y da dolor con ese departamento y su pueblo, al que queremos tanto los bolivarenses.
Antaño mis antepasados crearon en ese territorio empresas de abogados pujantes, fundaron clubes sociales para reunir en sus salas lo más granado de la intelectualidad cordobesa, e impulsar la fuerza de sus conocimientos, y fueron ellos, mis parientes, los primeros al ver la abundancia de sus recursos naturales de plantear la idea de crear el departamento de Córdoba, ya separado del Bolívar Grande.
Nunca imaginaron los hermanos Ramón y Gabriel Rodríguez Diago y el Dr. José Ulises Osorio al plantear su creación los altos niveles de corrupción a los que estaría hoy sometida su población.
Situación que ha permeado no solo a su clase política sino a la población en general porque se ha convertido en norma de conducta. Seguramente seré tildado de persona no grata en esa región que quiero tanto, pero había que decirlo.
La misma naturaleza se revela hoy ante la magnitud de la corrupción política que permea a casi toda su clase política.
Pero el ‘Mandato del Cielo’ también permite corregir los errores cometidos, cambiar la conducta, y hoy un cordobés de racamandaca, el dr. De La Espriella equilibra la balanza y se perfila como el presidente de los colombianos. Es entonces la oportunidad histórica de reparar y remediar el mal causado.
*Arquitecto, escritor.
