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Columna

La Colombia vulnerable

“Cuando se habla de cambio climático se refiere a la tendencia, que no se ha podido frenar, del aumento de la temperatura global debido a la concentración de GEI en la atmósfera...”.

Amylkar Acosta

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Lo dijo el exministro de Ambiente de Colombia, Manuel Rodríguez, en 2021, hace 5 años: “Colombia es uno de los 11 países más vulnerables al cambio climático del mundo, según el Consejo de Inteligencia de EE.UU., Colombia es la 7ª economía del mundo con más altos riesgos producto del cambio climático, según el Swiss Re Institute”. Y lo más grave es que el cambio climático llegó para quedarse, tanto más en cuanto que el Acuerdo de París, firmado en 2015 por la Unión Europea, debido al incumplimiento de las obligaciones contraídas para reducir sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), responsables del cambio climático.

Ahora bien, cuando se habla de cambio climático se refiere a la tendencia, que no se ha podido frenar, del aumento de la temperatura global debido a la concentración de GEI en la atmósfera. Tomando como referencia la temperatura de la era pre-industrial, la que antecedió a la primera revolución industrial, que fue su detonante, se acordó por parte de la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas (CMNUCC) impedir que se supere el 1,5º centígrados con respecto a la misma.

El cambio climático da lugar a dos fenómenos extremos, cíclicos, que se alternan en el espacio y en el tiempo de manera irregular, ‘el Niño’, que se asocia con la sequía severa, y ‘la Niña’ con las lluvias torrenciales, los cuales revisten tres características que las distingue: la primera de ellas es que no son estacionales ni periódicos, son recurrentes e impredecibles, por ello lo debemos llamar más bien variabilidad climática. La segunda propiedad es que cada vez son más frecuentes, y por último, son cada vez más fuertes y duraderos, y por lo tanto causan mayores estragos.

De hecho Colombia ha sufrido los devastadores efectos de dos eventos extremos y opuestos: ‘el Niño’, de 1992 - 1993, el cual provocó el peor racionamiento eléctrico que haya padecido Colombia en toda su historia moderna, y ‘la Niña’, de 2010 - 2011, que causó enormes estragos.

A raíz de esta última tragedia se creó la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), mediante Decreto 4147 de 2011, dependencia ésta adscrita a la Presidencia de la República. Se le encomendó a la Ungrd la misión de coordinar el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres (SNPAD) y fortalecer las capacidades nacionales. Posteriormente, la Ley 1523 del 24 de abril de 2012 “adopta la política nacional de gestión del riesgo de desastres y se establece el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres”.

Ahora el país, especialmente la Región Caribe, con epicentro en el Departamento de Córdoba, se ha visto asolado por la inclemencia de un tiempo lluvioso atípico en una temporada que se esperaba seca, a causa de uno de esos fenómenos extremos inherentes al cambio climático, esta vez un ‘frente frío’ proveniente del hemisferio norte. Lastimosamente esta catástrofe ha desbordado las capacidades institucionales, las cuales se han visto diezmadas por la corrupción que tomó por asalto a la Ungrd, saqueándola y desprestigiándola, hasta desconfiar de su eficacia y transparencia para atenderla.

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