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Columna

¿Pan y circo para LA?

“El sistema sigue estando intacto aunque un outsider logre pactar un lugar dentro del mismo...”.

María Carolina Cárdenas Ramos

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A propósito de la participación de Bad Bunny en el Super Bowl, celebrada por muchos como un acto de profundas connotaciones políticas y de reivindicaciones, vale la pena pensar si realmente encarna algo revolucionario o si es apenas otra ficha dentro de un capitalismo desaforado. Por ejemplo, se ha dicho que vestir Zara fue una manera de acercarse a la gente, mostrándose sencillo, ofrecer una fiesta para todo el mundo y, además, en español. Sin embargo, hoy esta marca dista de ser asequible, como se quiere hacer ver. Es una firma europea, no latinoamericana, y uno de los gigantes de la moda rápida. Una industria que es el segundo mayor consumidor de agua y responsable de cerca del 10 % de las emisiones globales de carbono, más que todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo juntos. La moda rápida agota recursos hídricos, contamina ríos y arroyos, y el 85 % de los textiles termina en vertederos cada año. Incluso lavar ropa libera unas 500.000 toneladas de microfibras al océano, el equivalente a 50.000 millones de botellas plásticas. También se ha afirmado que los mensajes políticos de su disco y de ‘DtMF’ han resonado incluso en Medio Oriente, generando identificaciones con Puerto Rico, pero la misma marca que viste ha sido señalada por su cercanía con el régimen israelí de colonialismo de asentamientos y apartheid. Cuando se presentó en Medellín algunos señalaban que alguien que canta contra la gentrificación era disruptivo al hacerlo en una ciudad con ese problema. ¿No será, por el contrario, una profunda incoherencia, que de hecho dejó conflictos por el abuso económico en la ciudad en torno al evento? ¿Será que su participación reivindica a los más de 65 millones de latinos que viven en Estados Unidos, en un momento marcado por las duras políticas migratorias del gobierno de Donald Trump? ¿O estamos ante una forma de “tolerancia represiva”, en el sentido propuesto por Herbert Marcuse? La idea de que la tolerancia imparcial en democracias avanzadas termina beneficiando al statu quo y sofocando el cambio. No olvidemos que la NFL es una asociación controlada por 32 equipos cuyos dueños son, en su mayoría, empresarios multimillonarios. Participar allí también refrenda el sueño americano, sostenido en buena parte por el empobrecimiento producido por los bloques económicos. Por supuesto, la responsabilidad no recae solo en el cantante, pero tampoco conviene endiosarlo como gran rebelde antisistema. Tal vez el desafío sea reconocer el alcance real de nuestras posturas políticas, asumir la responsabilidad que nos corresponde y entender que el sistema sigue estando intacto aunque un outsider logre pactar un lugar dentro del mismo. Más circo que pan.

*Abogada con especialización en Derecho Constitucional y magíster en Derecho con énfasis en Derecho Empresarial y Contractual.

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