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Columna

El poder de la solidaridad

“La acción colectiva y solidaria se constituye en una respuesta ante situaciones devastadoras, al cumplir una función moral...”.

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Cuando la naturaleza muestra su lado más salvaje, imponiéndose al individuo con su fuerza arrasadora, el desastre resultante suele convertirse en un indicador social que pone en evidencia carencias estructurales y vulnerabilidades preexistentes. Desde esta perspectiva, la catástrofe deja de ser un hecho meramente natural para convertirse en un fenómeno de carácter social, cuyo impacto afecta a poblaciones en situación de riesgo o pobreza y a territorios marcados por una deficiente planificación y ausencia de sistemas de protección.

La naturaleza per se no produce damnificados; sin embargo, visibiliza la existencia de poblaciones aquejadas por desigualdades sociales. En este sentido, el desastre no es un accidente, sino una expresión de dichas desigualdades, que desestabiliza las rutinas y las formas de vida.

Un caso que ilustra lo descrito es la crítica situación climática que viene atravesando recientemente Colombia, derivada de la incidencia de un frente frío, la cual ha generado múltiples afectaciones y un número significativo de personas damnificadas. Esta severa emergencia, provocada por la fuerza de la naturaleza, visibiliza una vez más las carencias y precariedades de comunidades enteras, que reclaman una respuesta oportuna del Estado, los gobiernos de turno y el compromiso solidario de la sociedad.

Una muestra de acción colectiva es la desarrollada por un grupo de asociaciones e instituciones de educación superior de la región Caribe y sus comunidades académicas, las cuales se movilizado mediante la recolección y entrega de donaciones de artículos de primera necesidad destinados a la población afectada en distintos departamentos de la región.

En este escenario, corresponde al Estado el rol central de atender este tipo de situaciones, mediante acciones conducentes a la mitigación de los daños actuales y la prevención de sucesos similares en el futuros; sin embargo, en la medida en que el desastre se transforma en un campo de acción social, individuos y organizaciones de la sociedad civil se ven convocados a desplegar acciones que operan como una respuesta moral ante el sufrimiento ajeno y como una expresión del deber de proteger a quienes más lo necesitan.

En conclusión, más allá de la responsabilidad indelegable del Estado y de los gobiernos de turno, la acción colectiva y solidaria se constituye en una respuesta ante situaciones devastadoras, al cumplir una función moral orientada tanto a la reparación de los daños como a la recomposición del tejido social. Apoyemos iniciativas solidarias.

*Vicerrectora Administrativa Fundación Universitaria Colombo Internacional Unicolombo.

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