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Columna

Sabiduría

“Y por eso sale triste y tranquila con la decepcionante certeza que después de la tragedia ella será la más buscada...”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

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Ella lo ve venir; cada vez que por la puerta de la vida entran las pasiones, las ansiedades, los temores y los deseos insiste en dar sus recomendaciones, sabiendo que no habrá oídos que la oigan ni cerebro que razone. Y por eso sale triste y tranquila con la decepcionante certeza que después de la tragedia ella será la más buscada. Pero sale segura de sí, con la serenidad que da el conocimiento y para ello abre la difícil puerta del buen juicio y sigue el largo y arduo camino de la experiencia, sabiendo que al final regresará para, inexorablemente, tener que emitir el más doloroso e inservible de los juicios: “Te lo dije”. Y en ese momento se sienta, espera y suplica mentalmente para que, ¡por fin!, se haya aprendido de los yerros.

La sabiduría aparece con las primeras sociedades. Y no lo hace como una idea etérea sino como una vivencia pragmática, como un aprendizaje en crecimiento que le permite a quien la posee gobernar, administrar justicia y/o dar consejos y garantizar la trascendencia de sus ideas basado fundamentalmente en observar y vivir la vida cotidiana. De ello deriva el comprender verdades y en vivir con lo aprendido y lo sabido.

Tal vez, la mayor y primera evidencia de la sabiduría yace en la Biblioteca Nacional de Francia y hace parte de “Las máximas de Ptahhotep”. El autor plasma los consejos de su abuelo, un sabio visir que vivió hace más de 4.000 años y cuya tumba está en Sakkara. El nieto trascribe frases del viejo sabio y de gran vigencia aún hoy: “No te vanaglories de tu conocimiento, ni te enorgullezcas porque eres un sabio. Toma consejo del ignorante del mismo modo que del sabio, pues no se han alcanzado los límites del arte, ni existe un artesano que haya adquirido su perfección”. Lo anterior es solo una pequeña parte de la sabiduría allí plasmada y que ha sido copiada por pueblos, religiones y sociedades que en el mundo han sido. En resumen, el arte de gobernar, vivir bien y hacer vivir bien a los demás.

Para Aristóteles la sabiduría es la virtud intelectual que, apoyada en el conocimiento de los principios, las causas de las cosas, y, como decía Diomedes, las experiencias vividas, ayuda a tomar decisiones que cambian la vida de quien decide y la de los demás. El conocimiento es únicamente saber algo, la sabiduría permite hacer juicios y poner las cosas en perspectiva. Cualquiera puede alcanzar un conocimiento, muy pocos logran la sabiduría. Y la sabiduría debería llevarnos a aprender de lo vivido y lo sufrido y no repetir el mismo error de hace cuatro años. Pues parece que como vamos y contrario al proverbio popular que dice con tajante certeza que: “Al perro no lo capan dos veces”, a Colombia puede que sí.

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