Alexander Cartwright, inventor del béisbol moderno (1845) y Abner Doubleday (1839) estructuraron el “Rey de los deportes”, compleja mezcla de estrategia, técnica, estadísticas y múltiples impredecibles: nada está decidido hasta el último out del último inning. “El béisbol: metáfora de la vida”, aseguraba el inolvidable periodista Melanio Porto Ariza (“Meporto”), época gloriosa de la Costa Caribe colombiana, “rey de los deportes”, al punto que cada palabra y jugada tenían equivalencia en la vida cotidiana: “Te ponchaste”, cuando su labor no fue lo esperado, pero, sin duda: “¡Time out!” es la más usada de las expresiones gringas en el argot popular; el umpire ordenaba, voz alta: suspensión provisional del partido: “Nadie avanza, ni anota carrera”, el juego se paralizaba. Sin duda, en plena jauría por el “home plate”, ubicado en Casa de Nariño, contrincantes olvidan reglas elementales de convivencia, gastando energías, no para anotarle carreras a la paz y equidad. “Derechos” o “zurdos” tienen idéntica obligación en preservar la cordura olvidándose de la cicuta del odio y las puñaladas traperas de Maquiavelo.
Muy cerca del noveno inning, es de esperar que, al finalizar el partido, ganadores y perdedores estrechan sus manos esperando la lícita pero pausada revancha que ofrece la genuina democracia. Soñar no cuesta nada: ojalá los ¡77! candidatos presidenciales -récord mundial- hicieran “time out” colectivo, reiniciando debates con cabeza fría, remplazando agravios por iniciativas honestas-coherentes, ceñidas a reglamentos, no por debajo de la mesa: política sin pausa se vuelve ruido y violencia. Grandes jugadores como Babe Ruth aseguraban: “En béisbol, como en política, cada día trae su afán, cuando sea tu turno al bate, estás obligado a entregar el mejor desempeño, evitando ansiedad y ambición desmedida, cuestión de trabajo y paciencia. Fallas más veces de las que aciertas, perseverar sin rencor, única forma de ganar partidos, preparándose a conciencia, el próximo partido será más complicado. -En Colombia llegó el momento de gritar “¡Time out!”, extinguiendo madrazos, el partido de la vida se nos acaba y, cuando termines de leer estas reminiscencias beisboleras y escuches aquellos que pretenden ser nuestro “General Manager” los próximos cuatro años, exígeles que lo realicen sin escándalos, azufre ni amenazas. Aseguran profetas del infortunio: “Si no escogemos con absoluta independencia, concluirá el noveno inning, listos para incorporarnos al team de la desgracia”. Estoy convencido de que Albert Einstin, al visitar el Yankee-stadium, sopesó la complejidad del béisbol: “Tú me enseñas béisbol yo, teoría de la relatividad. Aprenderás más rápido de lo que aprendo béisbol”. Pero aquel genio lo sorprendería nuestro canibalismo político y la ceguera selectiva de ONU, OEA, Amnistía Internacional, frente a monstruos insaciables como “Helicoide chavista”, castrador de sueños libertarios en la mismísima patria de Bolívar, siamés de “Auschwitz,” despiadado campo de concentración edificado por Hitler. ¡Time out! Somos amos, no esclavos ni borregos, prohibido equivocarse, último out del último inning.
