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Columna

¿Y si Sócrates tuviera razón?

“Primero los populismos de izquierda y luego los de derecha han dado lugar a distintas formas de ‘estupidez colectiva’...”.

Yezid Carrillo De La Rosa

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La condena de Sócrates no fue un arrebato irracional, fue una decisión funcional del tribunal popular ateniense. Sus jueces sabían que no ejecutaban solo a un filósofo incómodo, sino a una amenaza estructural que, lejos de proponer narrativas consoladoras, hacía algo mucho más peligroso.

Buscaba desmoronar el sistema de creencias y costumbres que estabilizaba el orden moral. Atenas prefirió preservar el silencio que la resguardaba de su propia ignorancia y de las mentiras compartidas. Sócrates pagó con su vida el precio de intentar despertar a los atenienses del sueño colectivo que los protegía del vértigo de la duda.

Erasmo de Rotterdam también enfrentó el fanatismo religioso de su época y denunció lo que denominó una “estupidez institucionalizada”, caracterizada por un rasgo esencial: quien la padece no solo ignora que la posee, sino que además es feliz con ella. Mucho tiempo después, Dietrich Bonhoeffer —encarcelado y ejecutado por el régimen nacionalsocialista— se preguntó cómo fue posible que una nación, símbolo de la cultura europea y del pensamiento racional, se transformara en un régimen criminal. Su respuesta fue tan certera como inquietante: no fue la maldad, sino la estupidez. Un enemigo mucho más peligroso, porque la estupidez no es un defecto moral ni psicológico, sino un fenómeno sociológico que emerge bajo determinadas condiciones políticas y sociales.

Además, porque al malvado se le puede confrontar, mientras que el estúpido está tan convencido de su verdad que desprecia incluso las evidencias empíricas y racionales.Estudios contemporáneos sobre el cerebro humano confirman por qué muchas veces la tribu importa más que la verdad: su función principal no es el conocimiento, sino la supervivencia y la adaptación al entorno. “No saber que no se sabe” no es un defecto, sino un mecanismo evolutivo de supervivencia. Veinticuatro siglos después de la muerte de Sócrates, la deuda sigue pendiente. En lo que va del siglo XXI, en América Latina, primero los populismos de izquierda y luego los de derecha han dado lugar a distintas formas de “estupidez colectiva”, que ya no necesita hogueras ni guillotinas, sino aislamiento penitenciario y linchamientos digitales. El sistema no necesita la verdad; necesita estabilidad estúpidos funcionales.

En Colombia, en 2026, todo indica que estaremos abocados a escoger entre dos proyectos políticos que sobresimplifican los grandes problemas mediante retóricas adormecedoras. La disyuntiva es antigua y sigue intacta: el sueño colectivo o el vértigo de la duda. Por eso, la pregunta socrática sigue siendo urgente: ¿estás realmente seguro de que sabes lo que crees que sabes? Si la respuesta surge inmediata, sin pausa ni duda, no es conocimiento: es estupidez tribal.*Profesor universitario.

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