La cita del presidente con su colega norteamericano es el martes. La agenda sería preparada con esmero en cualquier país. Sin Cancillería ni Secretaría General de la Presidencia, ojalá tenga éxito nuestra embajada para cumplirla en solitario.
No se sabe qué pretende: a lo mejor es proteger el interés en la estabilidad de Colombia, que se vería afectada aún más por una intervención armada extranjera, después de que los acontecimientos en Venezuela movieron el tablero mundial. Puede ser el interés en lograr la estabilidad del vecino, ingrediente necesario para una verdadera transición democrática sostenible y el avance económico y social. Puede ser en la estabilidad del Gobierno Petro, afectada ya por la corrupción, la irresponsabilidad y la imprevisión, en gran parte usadas para provocar caos y remolinos políticos que permitan la prolongación de los estragos más allá de este electoral 2026. O puede tener una motivación personal del colombiano para tratar de recuperar la normalidad ciudadana suya y de sus allegados, ilustres miembros de la lista Clinton y sin visa. Estas opciones tienen un precio para Colombia y para el presidente. Debemos saber cuál será.
Del otro lado, los intereses de Trump pueden dirigirse a salvaguardar una Venezuela democrática, petrolera y minera, amiga de los Estados Unidos, donde Colombia ayude a la estabilidad y a la reconstrucción. O solamente una Venezuela petrolera y minera, protectorado de los Estados Unidos, sin interferencia ideológica de Petro. También puede ser que quiera protagonizar una escena, como la de Zelenski, con coreografía de Vance y Rubio, que empezó con un reclamo por el vestuario del visitante y terminó en protesta por su desagradecimiento, convirtiéndose en inédito regaño de escuela.
Para el norteamericano es indiferente, aunque los incidentes recientes con la policía de migración, ICE, pueden minar su fuerza política con la gente, los estados, el Congreso y las cortes, con consecuencias negativas en el liderazgo externo.
Pelear con Trump da satisfacción a Petro. Amistarse temporalmente con él da un poco más de gobernabilidad a su mandato. Que lo descertifiquen, le da fuerza en sus bases. Que le levanten las sanciones, lo defiende parcialmente de sus opositores. Lleva gobernadores en asonada, como Trump.
Hay que hablar eficazmente con EE. UU.
De drogas, para formular un nuevo plan construido con ellos. De Venezuela para estar en el plan de ellos. De seguridad para trabajar en inteligencia, reentrenamiento y movilidad de las FF. AA. De crimen organizado, para exigir más de ellos en la lucha contra el extremo de la cadena que está allá y reconstruir la cooperación judicial y de inteligencia que retome los lazos con el Reino Unido e Israel y apoye a Ecuador; con urgencia, de las extradiciones suspendidas de bandidos ligados a las fantasmagóricas mesas de la Paz Total. De migración, para concertar con ellos un plan de largo aliento que selle el Darién contra la ilegalidad y lo abra al progreso; para considerar el retorno a su país natal de venezolanos en nuestro territorio; para acabar con el paso ilegal de extracontinentales. De comercio, para poner fin al arancel que tanto daño ha hecho y corregir los irritantes.
En energía y minerales, Colombia debe ser futuro proveedor serio de petróleo, gas y carbón del mundo desarrollado, especialmente de EE. UU., y abrirse a la minería de tierras raras y metales que mueven la geopolítica y la competencia existencial de los Estados Unidos con China.
Con el apoyo de la asesora, viaja Petro a Washington. Ojalá la visa que les den para el viaje sea la correcta. Que cumpla las citas puntualmente, sin sudadera, duerma en el avión, no use megáfono, ni insulte y no pida ayudar en Gaza.
Ojalá en la puerta de la Casa Blanca no insista en que devuelvan a Maduro, ni lo coja un incidente de ICE, Irán, Cuba, Ucrania o el Catatumbo.
Que sea un viaje para bien, con “swag bags”. No otra alerta de sunami arancelario y militar.
