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Columna

La lucha del Caribe

“No hay que perder la esperanza y continuar luchando por la transformación del Caribe. Ojalá se logre financiar...”.

Jaime Bonet

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En días pasados me encontré con una publicación de 1993 sobre el V Foro del Caribe: La Costa hacia el nuevo milenio. Echarle una hojeada a la publicación trajo muchos recuerdos y, a la vez, un sentimiento de frustración porque nuestra región se mantiene rezagada frente a las zonas prósperas del país. A pesar de que el conocimiento sobre el atraso regional, los recursos públicos y la influencia política son mayores, las desigualdades son persistentes y no se han cerrado las brechas.

Como en ese foro de 1993, aún continúa la discusión por la autonomía territorial y mucho del debate sigue siendo la lucha por una mayor descentralización. En estos 33 años que han pasado, han sido muchos los cambios en esta materia del país. Se ha pasado de una mayor descentralización del gasto público a partir de la Constitución Política de 1991 hasta una recentralización en las reformas de inicios del nuevo milenio.

Aun con la recentralización, es indiscutible que se aumentaron los recursos públicos para salud y educación, lo que llevó a mayores coberturas en esos sectores. Sin embargo, a pesar del avance en la cobertura educativa, la calidad continúa siendo objeto de discusión. De esta forma, se sigue insistiendo en la necesidad de mejorar el capital humano de nuestra región.

También es cierto que el Caribe logró mejorar su participación en el Presupuesto General de la Nación (PGN). Desde el extinto Consejo Regional de Planificación Económica y Social (Corpes) Costa Atlántica se avanzó en la regionalización de los PGN, lo que se convirtió en una herramienta clave para su discusión en el Congreso Nacional y lograr una mayor participación.

El conocimiento de las condiciones económicas y sociales del Caribe ha aumentado en estas tres décadas. Algunos hablan de que estamos sobre diagnosticados. Sin embargo, muchas veces las recomendaciones de esos estudios no se reflejan en las inversiones públicas. Se mantiene la tradición de priorizar proyectos que no generan las transformaciones económicas y sociales necesarias.

Además, muchos de nuestros departamentos y municipios continúan dependiendo de las transferencias desde el Gobierno central sin un fortalecimiento del recaudo de los ingresos propios. Lo cual se complejiza cuando vemos una baja capacidad de diseño y ejecución de los proyectos. Mientras las regiones prósperas siguen avanzando con las inversiones requeridas para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, en el Caribe mantenemos una baja ejecución y mala priorización del gasto.

No hay que perder la esperanza y continuar luchando por la transformación del Caribe. Ojalá se logren financiar y llevar a cabo las inversiones públicas requeridas para cerrar las brechas regionales en el país. Esto es fundamental para alcanzar la reducción de las altas y persistentes desigualdades.

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