Les cuento que entre diciembre y enero tuve la oportunidad de leer diferentes libros de temas variados; pero me llamó la atención una palabra que resaltaba y se repetía con cierta frecuencia hasta en una novela “thriller” de Grisham, la más ligera -los “thrillers” me gustan mucho porque me relajan-. Pero esa palabra aparecía tantas veces que me hizo ir a uno de mis libros de la sabiduría tibetana y encontré esta perla: “El miedo es algo que todos tenemos en común. Cada uno de nosotros, independientemente de nuestra raza o nuestro credo, conocemos la ansiedad, la sensación de aprensión y el pánico que produce el miedo. Y, sin embargo, paradójicamente, pese a la universalidad del miedo, cuando estamos asustados nos sentimos aislados y solos, como si nadie más pudiera comprender lo que estamos sintiendo. Aquello que compartimos con los demás es también lo que nos separa de ellos cuando más los necesitamos”, Hansard Christopher, El arte tibetano de la serenidad. Miedo es la palabra. Estamos inmerso entre amigos y contra enemigos en una constante discusión y disputa, estamos atemorizados, con demasiado miedo que a veces no pensamos. No tenemos silencio en la mente ni paz en el corazón. Dejé de ver videos y redes sociales, he bajado el tiempo en pantalla a lo mínimo esencial, “detox phone” llaman los neurocientíficos a saber desprenderse de la locura de los trinos, los tiktoks y otras redes que solo enredan el espíritu. Seguiré con mi lectura reposada y dejaré que llegue el momento, como dice Yamid Amat Serna, “exfluencer”. La carrera por la Presidencia de la República es algo insano, me pregunto si realmente los que aspiran saben a qué aspiran. Un país descuadernado tomado por la virulencia de la inseguridad física, económica, jurídica y el atropello del servidor público. Miedo a salir de casa, miedo a opinar, miedo a quedar mal con otro candidato que por muy bueno que sea no es el nuestro, ¡miedo a escoger! No es posible vivir en pánico y ojalá que la punta de la cereza haya sido este desgobierno nefasto, tras el que más del 20 % de los municipios no están bajo la tutela del Estado. Debemos vencer el miedo y poder decir: hay vida hoy, mañana no sabemos, pero hoy tenemos oportunidades. Tal es el miedo que le tememos a la reunión de Petro con el presidente Trump... ¿miedo de qué? Ojalá Petro llegue a tiempo y sin resaca, que sepa que él no es el importante: lo somos los más de 50 millones de colombianos. Por favor, no lleguemos a marzo 8 de 2026 con miedo, cada uno vote a conciencia y veremos qué pasa. Aterrizo en Juan 16:33: “Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo”. Para los creyentes es poderosa la inclinación a Dios. Jesús, por supuesto, es el hermano mayor y a quien me aferro en épocas oscuras y canto de alegría en tiempos de dicha. Uno de los libros que me impactó en estas vacaciones casualmente fue El loco de Dios, de Javier Cercas. Reconfortante. El miedo no es de cobardes, es de humanos.
