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Columna

Caso Bad Bunny vs. rentas cortas

“Las noticias reportaban que el alquiler se disparó exageradamente, reportándose cifras de hasta 73 a $98 millones de pesos colombianos por un fin de semana…”.

Paola Mercado Afanador

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“Mirar con espejo retrovisor” nos permite, precisamente, observar con intención y atención para que no necesariamente nos pasen cosas y realizar reflexiones sobre ello.

Ante los recientes concierto de Bad Bunny llevados a cabo en Medellín, se desataron una serie de noticias; según medios nacionales, usuarios de redes sociales como X y TikTok manifestaron su asombro y descontento frente al alza de los precios en el alojamiento de apartamentos para ese fin de semana. Uno de los casos más llamativos fue el de una creadora de contenido que denunció un hospedaje con cuatro habitaciones en Airbnb, durante los días del concierto, el cual alcanzaría un precio de $98.240.000.

Las noticias reportaban que el alquiler se disparó exageradamente, reportándose cifras de hasta 73 a $98 millones de pesos colombianos por un fin de semana o pocos días. Se viralizaron casos de cobros de más de $20 millones por una sola habitación y un promedio de $46 millones por propiedades.

De acuerdo con las quejas recibidas por la Alcaldía de Medellín (llevaban unas 30), las reservas ya confirmadas fueron canceladas, para aumentar hasta en un 100 % el valor de una noche, especialmente en viviendas turísticas ofertadas en plataformas digitales, por ello, según el portal de esta entidad, tomaron cartas en el asunto; la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) se pronunció para proteger a los consumidores afectados en sus reservas de alojamiento.

Las rentas cortas en el turismo son alojamientos amueblados alquilados por días o semanas (generalmente, menos de 30 días) a través de plataformas digitales. En Colombia, las rentas cortas son legales y requieren cumplir varios requisitos. Están reguladas por el Decreto 1836 de 2021 y la Ley 2068 de 2020 (Ley de Turismo), que exige que los inmuebles operen como establecimientos de alojamiento turístico, además cuenten con el registro en el Registro Nacional de Turismo (RNT).

Ahora bien, la oferta turística puede ser muy amplia y variada en la medida que dé al turista alternativas innovadoras, sostenibles con criterios competitivos. Pensar en este caso nos lleva a que hay reflexiones profundas acerca de los impactos que ocasionan este tipo de acciones y noticias que influyen en la imagen del destino, pero es ahí donde nuestro espejo retrovisor nos va a servir para abrir el debate y precisar a propósito del caso de Medellín, qué medidas certeras en función de su regulación, política de precios, operación, entre otras, se deben tomar acerca de las rentas cortas; y ser conscientes de que este caso puede ser replicable en muchos destinos más en nuestra querida Colombia.

Por lo pronto, como dice Bad Bunny… “mientras uno está vivo, uno debe amar lo más que pueda”… Y a esta industria sin chimenea tenemos que seguir amándola.

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