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Columna

Impuestos lacrimógenos

“Los 400 norteamericanos más ricos pagaron menos. Hoy cinco personas acumulan más riqueza que la del 80% de los estadounidenses…”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

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Hace miles de años, por arte de birlibirloque, los nómadas se tornaron sedentarios. Aparecieron las primeras ciudades y con ello se hizo necesario acumular abundantes cantidades de alimentos y riquezas. Casi de inmediato unos y otras fueron desviados hacia unos pocos privilegiados. Parece que fue allí que nació una casta cuya existencia lleva milenios: la oligarquía. Con los años, los poderosos requirieron más dinero para los servicios públicos, la defensa de feudos y ciudades, pagar empleados y para grandes campañas bélicas. Habían nacido los impuestos.

Roma prosperaba a expensas de las riquezas robadas, a sangre y fuego, allende las fronteras. La desigualdad era gigantesca entre patricios y plebe. Dicen los que saben que la riqueza de Marco Licinio Craso era de unos 10.000 millones de dólares actuales. Cual oligarca moderno, se daba mañas para evadir impuestos y quedar bien ante el pueblo con supuestas donaciones. En una jugada digna de politiquero ad-portas de elecciones se alió con Pompeyo (poderoso general) y Julio César (el preferido del pueblo). Craso debía impuestos, Pompeyo necesitaba sus tierras y Julio César ansiaba poder. Craso y Pompeyo le ofrecieron poder y dinero a César a cambio de satisfacer sus necesidades. En contra del Senado, Julio César promovió asambleas populares, especie de asamblea constituyente, que terminaron aprobando la reforma fiscal de Craso y la reforma agraria de Pompeyo. Acumularon poder y riqueza a borbotones hasta que la ambición los enemistó y hasta los Idus de Marzo. Dicen los expertos que es la desigualdad el patrón de sociología humana más duradero en la historia.

Con la gran depresión, Roosevelt aumentó impuestos a los más ricos y a las grandes corporaciones entre 63 y 79%. En 1944, en plena segunda guerra, la elevó al 94% para quienes tenían más de 2.5 millones de dólares. Como siempre, pocos pagaban esa tasa efectiva mediante artimañas de deducciones y excepciones. Con los años se fueron reduciendo estas tasas, pero la mayor reducción se dio en los gobiernos de Reagan, para los más ricos, bajó al 28%. Y poco cambió hasta el primer gobierno de Trump, cuando hizo recortes para la clase media pero los beneficios mayores fueron para el 5% de los más ricos; con las resultas que los 400 norteamericanos más ricos pagaron menos. Hoy cinco personas acumulan más riqueza que la del 80% de los estadounidenses. Mientras adivinamos quiénes son los Crasos y Pompeyos de nuestros actuales y futuros Césares es menester que recordemos a Benjamín Franklin, quien, parafraseando “La riqueza de las naciones”, de Adam Smith, decía que “sería un gobierno duro si gravara a su gente con una décima parte de sus ingresos”.

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