La Fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria es una devoción religiosa ampliamente difundida en todo el mundo católico, siendo en varias naciones una de las celebraciones más significativas, con arraigo popular y ligada a un conjunto de ritos, creencias y prácticas devocionales que lentamente se fueron fusionando con amplia gama de expresiones locales. Creemos que en nuestro país compite, en términos de devoción, celebración y creencias, con el 16 de julio de la Virgen del Carmen.
Es una celebración que se origina el año 1392, en la isla española de Tenerife, traída por los españoles los primeros años de asentamiento en nuestra América. Hay suficientes evidencias de la celebración en toda la América hispánica. En muchas ciudades se fue configurando como el factor fundamental en la construcción de la identidad, desde la fusión de la celebración religiosa con manifestaciones culturales locales, como ocurre en Perú, en especial en la ciudad de Puno, donde el 2 de febrero su celebración ha sido reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
En el país se destaca el hecho de que la Candelaria es la patrona de la ciudad de Medellín, de hecho, su imagen está en la parte superior del escudo de la ciudad. Hay municipios que llevan su nombre como Candelaria, en Valle del Cauca. En muchas poblaciones de Boyacá y Cundinamarca tiene devoción especial y en el Caribe colombiano tiene amplia y sólida presencia en poblaciones como Morroa (Sucre), Magangué y Cartagena.
En casi todas las poblaciones de América, la devoción a la Virgen de la Candelaria está centrada en eventos de carácter religioso y en algunas se han construido, a lo largo del tiempo, una serie de manifestaciones asociadas a la danza, la música y otros ritos de origen indígena, como ocurre en Perú y en México.
Una de las particularidades de nuestra ciudad es que la celebración de Nuestra Señora de la Candelaria se fue moldeando y asociando con un conjunto de prácticas gastronómicas, lúdicas, profanas, muchas de ellas de origen rural, de las que algunas han ido desapareciendo, pero otras se han ido fortaleciendo, como el caso tal vez único en todas las poblaciones donde se celebra, de asociar las procesiones y ritos, con el convento y la Ermita del Pie de La Popa, con el fandango, originario de las sabanas de Sucre y Córdoba, y con los fritos. En este proceso ha jugado papel importante la Asociación de Vecinos de La Popa (Asopopa), que estos días cumplió 25 años de fundada.
Esta celebración nos da muestras suficientes de elementos para investigar y aclarar cómo se fueron fusionando, cambiando y adaptando a lo que vemos hoy, la tal vez es una de las manifestaciones populares que más moviliza a las familias alrededor de unos valores culturales que generan identidad y sentido de pertenencia. Aquí hay tareas para seguir profundizando y fortaleciendo.

