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Columna

Todos lo sabemos

“Mientras haya corrupción no hay impuestos que valgan ni medidas coercitivas o leyes de uno u otro tenor...”.

Ignacio Antonio Madera Vargas

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Hay realidades que conocemos y sabemos cómo inciden, pero ese saber y ese conocer no logran ir más allá de palabras que, como hacía ver el papa León a los diplomáticos en Roma, han perdido significación o significan tantas cosas distintas que, pareciera, no sabemos qué dicen en realidad. Cuando pienso en esto me viene a la memoria la expresión de Jesús de Nazaret, quien, ante la insistencia de los discípulos que le piden una señal del cielo les dice: “Al atardecer decís: ‘Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego’, y a la mañana: ‘Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío’. ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir las señales de los tiempos!”(Mt 16,3).

Lo anterior lo expreso porque estamos iniciando un año de mucho trajín político por las elecciones de Congreso y Presidencia y ello pide del creyente una capacidad de discernimiento y lucidez para saber interpretar los signos de este tiempo sin quedarnos en el rojo de fuego o rojo sombrío. Difícil cuando a través de los medios de comunicación y las redes sociales estamos acosados y forzados a estar de un lado o el otro, en la polarización asfixiante que nos agobia como sociedad enferma.

Todos sabemos, nadie nos tiene que mostrar lo rojizo, que mientras haya corrupción no hay impuestos que valgan ni medidas coercitivas o leyes de uno u otro tenor que preserven los dineros del Estado que son de todos los ciudadanos y deben favorecer los intereses de todos, ante todo de los pobres y excluidos. El derecho que se han tomado algunos de robar sin complejos ha conllevado igualmente una cultura cínica que en muchos sectores ve natural que ello suceda mientras lo hagan los del propio bando. Y así, cuán lejos estamos del discernimiento que nos pide buscar una ética evangélica en donde no todo está permitido cuando se trata de seguir al maestro Jesucristo.

Sin una vuelta a Dios, a la verdad que hace libres de toda manipulación o engaño, sin un giro hacia una ética del trabajo como la fuente de creación de la riqueza, que maneja con delicadeza lo que no es suyo y toma conciencia de que no se puede servir a Dios y al dinero, no iremos gestando una generación de la honradez y la limpieza por prácticas que hacen intocable lo que no es propio.

Clamar y urgir lo que todos sabemos: la honestidad, la honradez, la transparencia, la rendición de cuentas. Desde el hogar, los colegios, universidades e instituciones de formación de la conciencia, gremios, empresas y partidos políticos, para ir desplazando tanta corrupción enquistada durante tantos años de inequidad y abandono de regiones que siguen padeciendo la violencia y el crimen en una guerra que no les pertenece. Esa sinodalidad que la santa Iglesia quiere para sí se realice en la vida de este país desde ya.

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