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Columna

La IA slop

“El problema es la fábrica de piezas sin valor, producidas para engañar métricas y capturar atención, no para informar, crear...”.

El Universal

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Por: Tania Lucía Cobos

De un momento a otro internet comenzó a inundarse de imágenes y videos bizarros, un Jesucristo hecho de camarones, personas rescatando a zorros de charcos de hielo, osos atacando a personas en el inodoro, gatos haciendo cualquier cosa mientras sus humanos duermen, ballenas con percebes removidos por mangueras a presión, incluso, en artículos científicos, ilustraciones surreales, citas fantasmas, autores inexistentes, y así un larguísimo etcétera. Nos ahoga la IA slop.

La IA slop (o AI slop en inglés), literalmente morralla de IA, se refiere al contenido (imágenes, video, audios y textos) generado en masa con inteligencia artificial que se caracteriza por su baja calidad e inutilidad. Su intención principal es atraer clics o generar ingresos publicitarios de forma rápida, distribuyéndose ampliamente en redes sociales y buscadores, lo que termina por inundar a internet de contenido vacío y sin valor real, creando un ruido digital que asfixia el contenido auténtico y útil.

Y ojo, no se trata de demonizar la IA generativa como herramienta creativa o de apoyo. El problema es la fábrica de piezas sin valor, producidas para engañar métricas y capturar atención, no para informar, crear o aportar.

¿Por qué se ha masificado? Los algoritmos de Facebook, Twitter o X, Google y similares recompensan el volumen y la retención como parte de la economía de la atención, por tanto, esto incentiva a los “granjeros de contenido”, como parte de la industria del spam, a producir piezas con herramientas como ChatGPT (Dall-E y Sora) o Gemini (Nano Banana y Veo). La ecuación es simple: bajo costo + producción masiva + algoritmos permisivos = monetización casi asegurada. Si 2024 fue el inicio, 2025 su estallido, 2026 seguirá la tendencia.

Desde luego, esta avalancha tiene un efecto perturbador, erosiona la confianza del usuario convirtiendo la navegación en una experiencia paranoica donde se duda de todo. Engaña a los menos experimentados, aturde los sentidos con información falsa, ensucia y desplaza el contenido valioso y auténtico. La verdad queda sepultada bajo capas de ruido algorítmico, dificultando el aprendizaje y la verificación.

Si la plataforma lo empuja, el creador lo produce y el usuario lo premia, la morralla de IA se vuelve norma. Su control es responsabilidad distribuida, las plataformas deben señalizar el contenido sintético, frenar redes de spam y desmonetizar la baja calidad. Los creadores, deben producir con ética para no engañar; y lo usuarios, debemos consumir con higiene digital para no amplificar aquello que no merece circular. Porque el slop es basura, si no filtramos, termina siendo el agua que bebemos.

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