Víctor Nieto invitó a la famosa actriz Brigitte Bardot al festival de cine en Cartagena. La noticia cayó muy bien en la juventud. Bardot era símbolo sexual e icono de la moda en el mundo. Las rubias de Cartagena, que no eran pocas, emulaban a Brigitte luciendo el cabello un tanto alborotado e informal. Poco a poco vimos aparecer a nuestras Brigitte en las playas exhibiendo bikinis de Saint-Tropez, quemándose la espalda y tomando sol boca abajo. Unas amigas se matricularon en la Alianza Francesa y se las daban de artistas en todas las fiestas. Corrían tiempos de adolescencia con mucha playa y amistad. Todos fuimos testigos de esta revolución en el comportamiento social. Fue una época en que se casaron escondidas varias parejas, emulando la rebeldía de las famosas estrellas del cine. Al fin, nunca llegó Brigitte y se frustró la participación de la vedette en el festival. A mí no me hizo falta, yo tenía muy cerca a mi Marilyn Monroe, de mejor figura, hablando caribe y conduciendo su convertible azul por el cuarto callejón de Manga. Habíamos sido privilegiados por la exótica belleza de Lola en el callejón de los besos. Mujer de piel canela, muslos firmes y jugosos que nos robó las horas nocturnas en el cenit de nuestra precocidad. Una verdadera obra de arte en el florido jardín de la Miramar.
Lamentamos la muerte de Brigitte Bardot a los 91 años. Terminó sus días cuidando caballos en adopción. Su dedicación me hizo recordar la controversia de nuestros viejos coches y sus fabulosos valores. Brigitte los hubiera rematado en París a la Renault y Citroën o a los coleccionistas franceses. También hubiese hecho una gran puja con la Rolls- Royce en Londres para negociarlos todos.
Si Víctor Nieto viviera, otro gallo cantaría. Lo conocí de cerca y era un visionario y emprendedor exitoso. Apoyándose en la labor animalista de Brigitte Bardot, los caballos no hubiesen sido problema para él, pues, con una foto de Bardot en la portada de Playboy, montando en caballo a pelo por la Torre del Reloj y el nuevo proyecto de Getsemaní, los millonarios de Qatar la compraban con hotel, caballo y todo incluido.
Los cartageneros a quienes nuestras madres llevaron en coche desde el Portal de los Dulces a Manga conocimos los verdaderos coches en tiempos que los caballos no sufrían. Yo no sé quién tuvo la genialidad de inventar hace varios años el “coche Transcaribe” con tantos puestos y un peso descomunal .Quiero decirle que su infortunada inventiva no solo maltrató a los caballos, sino que privó a esta ciudad patrimonio de la humanidad de una de las más románticas atracciones de su historia.
