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Columna

Cine, noche, brisa y mar

“De la mano de su directora Margarita Díaz Casas llegó la hora de conocer, reconocer y valorar nuestro pensamiento cinematográfico...”.

Ricardo Chica Geliz

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Tales eran los elementos de la experiencia de ver una película en Cartagena. A mediados de los años 50 del siglo XX se reconocían 29 cines, los cuales publicitaban su cartelera en periódicos como El Fígaro, El Diario de la Costa y El Universal entre otros. Sólo dos de estos cines tenían techo: el Cartagena y el Teatro Heredia. El público de los otros 27 cines debía esperar la oscuridad después de 6 de la tarde para ver imágenes en el telón.

Y detrás de cada telón, casi siempre estaba el mar. Detrás del telón del Cine San Roque, en Getsemaní, estaba la Laguna de San Lázaro; detrás del telón del Cine Caimán (hoy barrio Olaya Herrera) estaba la Ciénaga de la Virgen; detrás de la pantalla del Circo Teatro estaba el Mar Caribe; detrás del telón del Cine Míriam estaba la Bahía de Cartagena. El mar, la noche y la brisa son los elementos de aquella costumbre que hizo del cine un hecho barrial, donde acaeció la maduración en grupo.

Es por eso que me conmovió atisbar una piragua de pescadores en la esquina superior izquierda del afiche de la versión 65 del Festival Internacional de Cine de Cartagena.

La experiencia de ver una película comenzaba por rebuscarse el acceso a la pantalla. Había gente que se subía a los árboles contiguos a los cines para ver las películas; otros se subían en las paredillas, con el cuidado de no cortarse con la frontera de picos de botella que resguardaban de intrusos a los teatros; otros más, se hacían amigos de los porteros; casi siempre, los administradores dejaban la entrada libre cuando la película iba a la mitad. Siendo niño, me iba en bicicleta a la loma del Colegio Fernández Baena, en el barrio El Bosque, y desde ahí se veía la pantalla del Cine Míriam, y detrás de ella, la Bahía de Cartagena con su agua quieta, sus islotes y sus naves fondeadas.

En varios textos institucionales y de prensa, don Víctor Nieto Núñez, fundador del Festival de Cine en 1960, resaltó el fervor del pueblo cartagenero por el cine. Y aquí vale preguntar, ¿desde cuándo somos público de cine? Respuesta: desde antes que se proyectaran las primeras películas en diciembre de 1898 en el Teatro Mainero de la Calle del Coliseo.

Es así, porque ahí mismo se fundó en 1775 el primer Teatro de Comedias de todo el virreinato de la Nueva Granada. Allí se inició la experiencia de “pagar para ver” un espectáculo y eso nos convirtió en público de comedias, zarzuelas, melodramas y musicales que traían compañías extranjeras, nacionales y de aficionados locales. Cuando el cine llegó por primera vez a este puerto, ya lo estábamos esperando.

De la mano de su directora Margarita Díaz Casas llegó la hora de conocer, reconocer y valorar nuestro pensamiento cinematográfico, aquel que vio nacer el Festival de Cine: legado poderoso en un Caribe que lo absorbe todo.

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