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Columna

Pensar lento, actuar rápido

“Entonces, solemos pensar rápido. Pensar rápido y actuar lento, nos conduce a mayores costos en tiempos y dinero...”.

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El geógrafo económico de Dinamarca Bent Flyvbjerg y el periodista estadounidense Dan Garner, publicaron un texto en el que recogen los aprendizajes al estudiar proyectos con costos iguales o superiores a mil millones de dólares: megaproyectos.

Luego de construir una base de datos que alberga alrededor de 16.000 megaproyectos, en 136 países, en todos los continentes, en campos tan variados como túneles, puentes, autopistas, ferrocarriles, TIC, juegos olímpicos, salud, grandes presas, cohetes, defensa, energía nuclear, petróleo, gas, minería, museos, salas de concierto, rascacielos, aeropuertos, encontraron un patrón alarmante al que llamaron “La ley de hierro de los proyectos”.

Los resultados de los análisis globales arrojaron que, de cada 100 megaproyectos, el 47,9% terminaba conforme al presupuesto; el 8,5% conforme al presupuesto y al plazo y solo el 0,5% conforme al presupuesto, al plazo y los beneficios.

El Caballero Danés fue el planificador de un megaproyecto de construcción de 20.000 escuelas y aulas para el sistema escolar de la nación himalaya de Nepal. Las obras se debían realizar en 20 años a partir de 1992. Sin embargo, se concluyeron en 2004, dentro del presupuesto y 8 años antes del plazo inicialmente estipulado.

Esta experiencia positiva confrontada con “La ley de hierro de los proyectos” lo hizo reflexionar sobre por qué lo normal es que los proyectos que cumplen lo prometido son muy raros. Si bien en sus explicaciones confluyen diversos factores, hay uno que llama mi atención.

Flyvbjerg encontró que “los proyectos que fracasan tienden a alargarse, mientras que los que tienen éxito avanzan con rapidez y terminan”. Los proyectos con mayor duración tienden a estar más expuestos, incluso a cisnes negros. Por ello, lo mejor es cerrar esa ventana avanzando rápido. Y para avanzar rápido, debemos pensar lento. Un proyecto generalmente tiene dos fases, una de planeación y otra de ejecución. La planeación es un puerto seguro, la ejecución es aventura, afirma el experto.

Si se planea en forma detallada, minuciosa, con pruebas y revisiones dirigidas por verdaderos especialistas, la ejecución tiende a ser más fluida y rápida, sobre todo cuando se cuenta con ejecutores competentes. Flyvbjerg cuenta que Abraham Lincon dijo que, si tuviera cinco minutos para talar un árbol, pasaría los tres primeros afilando el hacha.

En común en nuestro medio que, presionados por la necesidad de mostrar victorias tempranas en proyectos personales, familiares, empresariales, estatales, académicos, culturales, deportivos, nos dejamos llevar por la inmediatez. Entonces, solemos pensar rápido. Pensar rápido y actuar lento, nos conduce a mayores costos en tiempos y dinero. Esa falta de planeación se manifiesta en interminables demoras o el fracaso de las iniciativas.

El mensaje es claro y sencillo: ¡Piensa despacio, actúa rápido!

*Economista, escritor, investigador social en temas de cultura y deporte.

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