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Columna

El emprendimiento en la educación

“La articulación del emprendimiento y la educación transforma a los estudiantes de receptores pasivos de conocimiento a agentes de cambio…”.

Mario Ramos Vélez

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El emprendimiento, más que la simple creación de negocios, es una competencia fundamental para el siglo XXI, y su integración efectiva en el sistema educativo es vital para formar ciudadanos preparados para enfrentar los desafíos actuales y futuros, impulsando la innovación y el desarrollo socioeconómico. Su articulación con la educación es crucial para formar individuos proactivos, innovadores y capaces de generar soluciones, no solo creando empresas, sino desarrollando en el estudiante habilidades personales como la creatividad, autonomía y liderazgo a través de la integración y articulación curricular desde preescolar, la básica primaria y secundaria, la media y la educación superior, transformando ideas en acciones concretas y fomentando el desarrollo personal, social y económico del país.

La articulación del emprendimiento y la educación transforma a los estudiantes de receptores pasivos de conocimiento a agentes de cambio, desarrollando competencias, fomentando la creatividad, la resiliencia, el pensamiento crítico, la autonomía, la toma de decisiones y la inteligencia emocional; habilidades esenciales para la vida y el trabajo, capaces de identificar oportunidades y enfrentar retos, además de conectar la educación con el mundo empresarial y social, facilitando prácticas y la creación de unidades productivas dentro de las instituciones. El desafío es crear alternativas de formación docente en emprendimiento que consideren diversas habilidades y que estén en concordancia con el avance de la ciencia y la tecnología y puedan liderar estos procesos, superando vacíos en su propia formación emprendedora.

Al articular el emprendimiento con la educación, esta se convierte en un motor de transformación, formando no solo futuros empresarios, sino ciudadanos competentes, innovadores y comprometidos con la construcción de una sociedad más próspera e inclusiva. Desde la academia podríamos decir que un emprendedor suele enfocarse en un agente de cambio, proactivo, que no teme al fracaso, innova ante los problemas y contagia optimismo, convirtiéndose en motor de desarrollo personal y social, y es la educación el entorno ideal para cultivar estas habilidades, transformándose en un trampolín hacia la creación de valor y la solución de retos en la sociedad. La educación impulsa el emprendimiento no solo formando profesionales competentes, sino personas capaces de construir un mejor futuro para sí misma y para la sociedad.

El emprendimiento ha trascendido desde el entorno productivo hacia el campo educativo y se ha posicionado en las agendas mundiales como elemento clave para la toma de decisiones de los gobiernos, en su aspiración de generar nuevas alternativas para el progreso. Su migración hacia la educación ha conducido a las organizaciones internacionales a contemplarlo al interior de sus planes de acción.

Roy T. Bennett, autor y motivador estadounidense conocido por sus obras centradas en la inspiración y el desarrollo personal, nos dice: “No tengas miedo al fracaso. Ten miedo de no intentarlo”.

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