En los próximos 30 años el número de adultos mayores de 65 años aumentará exponencialmente. Con ello será fundamental la prevención y manejo de las enfermedades cardio-cerebrovasculares, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la demencia, el cáncer y la enfermedad renal crónica. Además, la edad avanzada se asocia con peor evolución para cosas tan frecuentes como una gripa o una simple cirugía. El mejor ejemplo es la Covid-19: la mortalidad en mayores de 85 años fue 7 veces mayor que en los de 65 a 74 años. Esto se vuelve más importante cuando se pretenden expectativas de vida mayores a los 100 años. Para ello debe alterarse el proceso biológico del envejecimiento. Según la gerociencia, el envejecimiento biológico es muy diferente al envejecimiento cronológico. Así, no fumar, la actividad física, evitar el sobrepeso, la mesura en la ingesta de sal, azucares, alcohol puede reducir la edad biológica y el envejecimiento celular (senescencia), al tiempo que mejoran la longevidad y la supervivencia sin discapacidad.
Las vías biológicas relacionadas con la edad son similares en humanos y ratones. Uno de los efectos del envejecimiento es el aumento de las células senescentes (aquellas que no se dividen y producen inflamación). Eliminar estas células se asoció, en ratones, con aumento en la esperanza de vida, retrasó la formación de cataratas y menos cáncer.
Según reciente publicación de la revista JAMA, la gerontología traslacional está evaluando tratamientos para mejorar el envejecimiento biológico. La reducción en la ingesta energética, garantizando los nutrientes esenciales, es la intervención más estudiada. La restricción calórica del 20%, en ratones, aumentó la supervivencia entre 24 a 40%. El estudio CALERIE demostró algo similar en humanos. El ayuno intermitente puede inducir efectos similares; sin embargo, se necesitan más estudios.
Los senolíticos son fármacos que destruyen las células senescentes. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento ha evaluado más de 45 compuestos senolíticos. En ratones el mayor beneficio se observó con rapamicina. El artículo concluye que la restricción calórica, los senolíticos o los rapálogos pueden retardar la progresión de enfermedades y el deterioro funcional. Hasta el momento no se han aprobado medicamentos para retardar el envejecimiento en humanos. Se requieren estudios que impacten en las células senescentes, que mejoren la función física y cognitiva, además de evaluar muy bien su seguridad y los efectos adversos. Lo dijo Twain: “La vida debería comenzar con la vejez y sus privilegios y acumulaciones, y terminar con la juventud y su capacidad para disfrutar espléndidamente de tales ventajas”.

