Simón Bolívar cabalgaba sobre senderos y libros facilitando formación integral, enarbolando proclamas inmortales; Nicolás fabricaba amenazas, prostituía elecciones, secuestraba, encarcelaba, desaparecía contradictores, gritando consignas incendiarias. Dos siglos de distancia, abismos intelectuales ¿pueden existir similitudes? Bolívar, Genio de América, comprometido con ideas luminosas de Rousseau aprendió a dudar prudentemente; obtuvo de Montesquieu el equilibrio entre poderes del Estado; y de Voltaire, desconfianza de normas impositivas. Aquel acervo intelectual lo motivó a escribir frenéticamente, esculcando ideas democráticas: temía al caudillismo abonado con ignorancia: “Pueblo y gobernantes sin educación carcome libertades, prefiriendo cobijo del amo que gritara más fuerte irrespetando al frágil ser humano”. Maduro no escribe proclamas, repite libretos sin dudar de contenidos estrambóticos. Bolívar fabricó sólidos pilares a la naciente República; Maduro administraba a Venezuela como su finca. Bolívar soñó con ciudadanos, Maduro con súbditos; Bolívar exaltó la moral pública, Maduro exigía lealtad sin escrúpulos. Simón temía al exceso de poder; Nicolás, dueño de la jáquima, con discursos incendiarios volvió cenizas instituciones democráticas. Bolívar aseguraba: “Educación es el cimiento”; Maduro sustituyó pensamientos por aplausos, deformó la justicia; Bolívar presagiaba catástrofes sociales, Maduro robaba elecciones bailando y reciclado tiranías.
Bolívar, partidario de la educación para sostener instituciones democráticas; Maduro, enemigo mortal de las aulas. Simón, sátira sabia, Nicolás, graznidos y pupitrazos. Bolívar, caudillo de América, promovió justicia y libertades; Maduro admirador de la Cuba arruinada y en tinieblas, convencido de que aplausos remplazan la razón, deformando la justifica. Bolívar, enemigo de la tiranía; Maduro, poderes mesiánicos pulverizando códigos y voluntades, herencia chavista, maniatando a Venezuela aún desde su tumba. Bolívar desconfiaba del pueblo manipulado, Maduro gobierna con la espada del Libertador entre sus garras e ideas obsoletas, para beneficio personal, familiar y del insaciable chavismo, entregó Venezuela al comunismo. Bolívar murió a los 47 años desconfiando del pueblo sumiso, cobarde y manipulado mientras liberaba cinco naciones del yugo español; Maduro, de 63 años, dictador implacable; Simón, ‘Culo de hierro’, cabalgó 123.000 kilómetros, esparciendo semillas de libertad a lo largo y ancho del continente; Nicolás desterró a 8 millones de venezolanos que deambulan, como ánima en pena, por los confines de la Tierra, pero desde el pasado 3 de enero y el resto de su macabra existencia, Maduro solo tendrá 5 metros cuadrados en la mazmorra asignada -Centro de detención metropolitano de Brooklyn, Nueva York, “El infierno en la Tierra”-.
Seguramente compartirá prisión perpetua con ‘Dios Dado’ Cabello y todos los que saquearon y arruinaron a Venezuela utilizando la Ley del Embudo, enjaulando y desapareciendo enemigos políticos, llenándose bolsillos, prostituyendo la Democracia. Cuando muera, colocarán lápida con frase acuñada por nuestros campesinos sabaneros, cuando de evaluar al difunto se trata: “Nicolás Maduro Moros: inteligente pa’ la maldad; no tanto pa’ las leyes de Dios”.

